La Economía Social de Mercado y el “diálogo político” sobre consensos económicos en Argentina

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La economía Argentina, desde el punto de vista del largo plazo, presenta una serie de cuestiones específicas que han repercutido en su funcionamiento. Por un lado, esta economía presenta un historial de volatilidad elevado, es decir que el crecimiento no se produce de una manera regular, sino por sucesivos períodos de auge y de crisis muy pronunciados.

Al mismo tiempo, se ha ido presentando en el debate público que este desempeño se debe, en buena medida, a que más allá de las aproximaciones diferentes por parte de los distintos gobiernos, no existe un núcleo común de “políticas de estado” que se puedan mantener independientemente de las diferentes administraciones. Este hecho se manifiesta en diferentes ámbitos, incluyendo al aspecto de la política económica.

Por el contrario, se verifica en la gran mayoría de los casos de desempeño positivo del sistema económico, que independientemente del sesgo particular del gobierno en ejercicio, se mantienen un cierto conjunto de políticas –en este caso económicas – que brindan estabilidad, y un marco de referencia razonable para tomar decisiones y realizar operaciones económicas en el futuro.

Ahora bien ¿cómo se puede desarrollar este tipo de políticas consensuadas? ¿qué tipo de modelo económico puede pretender un amplio consenso en una sociedad política moderna caracterizada por el pluralismo de propuestas?

Una primera constatación es que los sistemas convencionales de teoría económica se presentan como limitados frente a este requerimiento. Por un lado, la excesiva especialización ha motivado la pérdida de vista de las conexiones entre diferentes ámbitos, como el económico, el político y el cultural, que en la realidad se presentan relacionados. Por otra parte, la discusión ideológica ha restringido la capacidad para encontrar valores comunes que den una plataforma normativa a las posteriores decisiones técnicas.

La Economía Social de Mercado, es el sistema de organización económica que ha logrado satisfacer estas demandas en el caso de Alemania, y en el de varios países que han adoptado en líneas generales este enfoque. Este punto es muy importante puesto que no se trata de una teoría meramente abstracta, sino de un sistema que ha tenido resultados concretos positivos en situaciones de funcionamiento real de la economía.

Uno de los méritos de este sistema es que ha sido desarrollado no sólo por técnicos y economistas, sino por un conjunto de pensadores sociales que incluyeron a juristas, filósofos, sociólogos e incluso representantes de diversas religiones. Luego, en su fase de aplicación se produjo el aporte de políticos, empresarios, representantes del trabajo, y de otras asociaciones.

Por otra parte, la ESM es un planteo que se basa en una visión del hombre que se desprende de las tradiciones religiosas y filosóficas que fundamentan tanto la dignidad absoluta de la persona humana, de la que se desprenden sus derechos y responsabilidades, como la posibilidad de una síntesis de valores como la libertad y la igualdad de oportunidades que caracterizan a las sociedades modernas.

En este sentido la ESM plantea una síntesis virtuosa entre los principios de autonomía y responsabilidad personal, y de solidaridad. Una economía productiva requiere se fomente y despliegue la iniciativa de las personas, asimismo una sociedad necesita de un grado de cohesión mínimo, que sólo puede provenir de la participación conjunta en el fruto del desarrollo de esta economía.

Para lograr el objetivo de una economía que combine la libertad y el crecimiento, con la igualdad de oportunidades y la participación en los beneficios de una productividad ampliada, la ESM confía en la auto-organización del sector privado de las empresas, en un marco regulatorio provisto por parte del estado, y en la necesaria vitalidad de las asociaciones de la sociedad civil.

Desde el punto de vista de la ESM el sector productivo fundamentalmente está constituido por el sector empresarial, mientras que el estado debe, por antonomasia, fijar las reglas de modo que las relaciones entre el sector privado, y, entre este y el público, se den de una manera en que se respeten los derechos, se prevengan los abusos y se fomente la actividad económica.

La estructura del estado para la ESM se basa en el “estado de derecho”, y en los controles mutuos de los poderes para evitar abusos. Por otro lado plantea –por el principio de subsidiariedad – que se descentralice la operatoria del mismo, en cuanto sea posible, para que las funciones se apliquen a las necesidades más concretas y directas de los ciudadanos. En este sentido la ESM es también un sistema económico-social abierto a la vitalidad que aporta la diversidad de asociaciones que caracterizan a la sociedad civil actual.

Desde un punto de vista económico la ESM plantea la necesidad de organizar la economía a través de mercados, que despliegan el potencial productivo de la actividad humana, siempre y cuando se conformen a las leyes y las reglas generadas por el estado, que enmarcan su actividad, en el contexto de la inter-relación con las demás organizaciones sociales.

Por último, en cuanto al “¿cómo?” se puede conseguir impulsar los consensos fundamentales de un orden económico –con lo cual retomamos las preguntas que encabezaron esta reflexión – la ESM plantea el “diálogo político democrático”, a través de partidos políticos modernos y en fluido intercambio con los grupos económicos y sociales, académicos y de la cultura, para encontrar los “mínimos comunes denominadores” que son el punto de apoyo de una democracia pluralista y de una economía y una sociedad que se desarrolla.

Dr. Marcelo Resico