Las comunicaciones en la "aldea global" del futuro

Las posibilidades y los métodos de la comunicación electrónica han cambiado en forma fundamental en el transcurso de más de una década. Y del mismo modo tuvieron que evolucionar los individuos que trabajan con estos medios de comunicación: los periodistas, los políticos, las universidades, los sindicatos y las empresas.

Una parte de los lectores de esta revista es sin duda mayor de 35 años. Esto significa que finalizaron la escuela aproximadamente en 1987, después de lo cual quizás concluyeron estudios universitarios y comenzaron su carrera profesional a partir de 1990. Hasta el día de hoy han trabajado 14 años. En muchas profesiones, estos 14 años no constituyen un tiempo prolongado. Pero desde los comienzos de los años 90 se ha producido un cambio tan vasto y tan vertiginoso en el mundo de las comunicaciones como en ningún período anterior. Al principio de los años 90 todavía no existían en las oficinas ni el Internet ni el correo electrónico, tampoco el PowerPoint, el escáner, los teléfonos celulares, los videos y las fotografías digitales, los transpondedores satelitales digitales, los archivos de video y de audio, las cámaras de fotos y de video digitales, y las computadoras portátiles; no existía nada de lo que hoy en día consideramos totalmente “normal”. Las posibilidades y los métodos de la comunicación electrónica han cambiado en forma fundamental en el transcurso de más de una década. Y del mismo modo tuvieron que evolucionar los individuos que trabajan con estos medios de comunicación: los periodistas, los políticos, las universidades, los sindicatos y las empresas. A su vez, el mundo de las comunicaciones sigue girando tan vertiginosamente, como ningún científico de los años 70 y 80 se aventuró a pronosticar. Todavía no es posible prever hacia dónde nos conducirá este desarrollo. Pero a pesar de ello, podemos predecir alguno que otro aspecto de las posibilidades técnicas del futuro:

Comunicación y “ubicación” La transmisión electrónica de informaciones por medio del Internet y vía satélite nos permite hoy en día recibir informaciones provenientes de todas las regiones del mundo, y al mismo tiempo enviarlas sin dificultades a cualquier parte. Aquél que posee un teléfono celular está disponible sin importar dónde se encuentre. Por lo tanto, desde el punto de vista tecnológico, el grado de información de una persona depende cada vez menos del lugar donde vive o donde trabaja. La comunicación móvil es posible también durante las vacaciones o en el automóvil. Todos los hoteles de buena categoría poseen accesos a Internet, y muchos automóviles serán equipados en el futuro con pantallas de televisión.

Comunicación e “idioma” Desde una perspectiva técnica, no es determinante el lugar donde se encuentra una persona para que ésta pueda comunicarse y acceder a todo tipo de informaciones de su interés. En cambio, la verdadera frontera “virtual” se halla en el idioma. Cuando una persona reside en Bogotá tiene la posibilidad de recibir informaciones referentes a Alemania. Pero si estas informaciones se transmiten sólo en alemán, y el usuario no maneja este idioma, tampoco podrá comprender la información. En el futuro será más fácil solucionar este problema. Hoy en día ya se desarrollan programas de computación que permitirán traducir otros idiomas en forma automática. En el correr de unos pocos años, este software especializado estará a disposición de todos los usuarios.

Comunicación y “alfabetismo” Quien no sabe leer ni escribir experimenta problemas con la comunicación. Los analfabetos sólo pueden intercambiar informaciones en forma verbal o por medio de imágenes. Hasta el día de hoy, estas personas dependen del teléfono cuando sus interlocutores no están presentes y desean intercambiar informaciones a distancia. Esta situación cambiará. Ya hoy en día es posible conectar un micrófono a las computadoras. Las personas hablan por el micrófono y un software especializado “traduce” las palabras y las convierte en texto. En unos pocos años aparecerán las computadoras sin teclado. También es posible enviar y recibir imágenes por Internet. Las personas pueden comunicarse por medio de video conferencias, en las que escuchan las palabras de su interlocutor mientras al mismo tiempo lo observan en la pantalla. Y en este caso, ya no es importante en qué país del mundo reside o trabaja dicho interlocutor.

Comunicación y “tiempo” Anteriormente, la comunicación electrónica dependía del tiempo. Las personas debían estar en casa o en la oficina a cierta hora para hacer posible el intercambio de informaciones. En el futuro esto será diferente. Las personas intercambiarán informaciones cuando dispongan del tiempo para hacerlo. De hecho, el poder de decisión ya casi no está en manos de los proveedores de información. Cuando no llegamos a tiempo para ver los noticieros en la televisión o se nos hizo tarde para comprar el periódico, simplemente buscamos la información en Internet. Y esto también podemos hacerlo durante las horas de la noche o en el correr del próximo día.

Comunicación y “oferta de información” En estos tiempos es posible comunicarse siempre y desde todo lugar, y con cualquier rincón del mundo. De hecho, en vista de que la electrónica nos permite transmitir mensajes de todo tipo, verbales, escritos o por imágenes, cada vez se hace más difícil ofrecer informaciones de forma centralizada. Las personas ya no poseen una sola fuente que les brinda información, sino una variedad de proveedores. Los “monopolios informativos” son cada vez menos frecuentes. Las personas ya no viven atadas a “su” canal de televisión, “su” programa radial o “su” periódico para informarse, sino que son libres de elegir. Sin embargo, esta libertad es de doble vía y va también dirección contraria: lo que sabe uno lo saben los demás. La comunicación hace que las personas compitan mucho más entre sí.

Por todos estos motivos, muchos futurólogos hablan de la “aldea global”. El mundo de las comunicaciones se hace más pequeño. Los seres humanos se conectan en redes, y las distancias desaparecen. El correo tradicional, las cartas impresas y las tarjetas postales pronto dejarán de existir. Serán reemplazados por el correo electrónico. A su vez, los planos de las ciudades serán sustituidos por planos viales en Internet y sistemas satelitales de navegación en los automóviles. Desaparecerán las bibliotecas y los libros. En su lugar, los hombres buscarán la información en los servidores y en discos DVD. Los catedráticos ya no hallarán a su audiencia en las aulas universitarias. Más bien, los estudiantes se inscribirán en las mejores universidades del mundo para un “estudio a distancia”, y aprenderán frente a sus computadoras. Los televisores poseerán discos duros. Podremos encargar películas de video “on-line” y archivarlas automáticamente. Pronto no existirán más las videotecas ni los casetes de video. Las pantallas son cada vez más grandes y más planas. Los cines tienen cada vez más competencia. Las cámaras de fotos tradicionales – ésas que funcionan con rollo fotográfico - están en peligro de extinción. En cambio, ahora se toman fotos con los teléfonos celulares, y se envían por la vía telefónica a los amigos. Las comunicaciones telefónicas vía Internet sustituyen a las redes fijas tradicionales, ya que las llamadas al exterior cuestan igual que una llamada local. El interés por la televisión clásica decae, y cada vez se compran menos periódicos. En lugar de ello, las informaciones se buscan en el “World Wide Web”. Y en poco tiempo dejará de existir la comunicación cableada, ya que la comunicación electrónica funciona en forma inalámbrica a través de conexiones infrarrojas.

Las primeras repercusiones de esta evolución ya se dejan sentir en forma muy clara: En algunos países latinoamericanos, hoy en día el número de teléfonos celulares supera a los teléfonos conectados a redes fijas, mientras que los grandes consorcios telefónicos trabajan también como proveedores de Internet. A su vez, muchas emisoras de televisión y editoras de periódicos se encuentran en dificultades financieras, y hay que andar bastante para encontrar una oficina de correos o alguno de aquellos viejos y entrañables buzones.

Sin embargo, las comunicaciones no se desarrollan a la misma velocidad en todo el mundo. Por ejemplo, en las provincias apartadas de Colombia, Perú o Bolivia, aún dentro de diez años no habrá una computadora por persona. Es posible que allí no exista todavía ningún teléfono celular. Tampoco habrá tantos cambios en las universidades, los medios de comunicación y el periodismo en estas regiones. Dadas las grandes diferencias o “brechas digitales” que separan a estas regiones de las capitales y de América del Norte, Europa y muchos países de Asia, su conexión con las partes más desarrolladas del mundo será mucho más difícil. Sin duda alguna, la comunicación es conocimiento, y el conocimiento es poder. Tanto hoy como en el futuro, un país no necesita poseer recursos naturales para que sus habitantes vivan bien. Corea del Sur, Taiwán – y también Chile – así lo demuestran. Por causa de la globalización, el éxito sonríe a los países que invierten en el conocimiento y en la creatividad de sus ciudadanos. El futuro pertenece a las “sociedades de la información”. Y el camino para alcanzar esta meta pasa por las comunicaciones modernas.

Las elites de las sociedades de la información se comunican hoy en día de una forma diferente que diez años atrás. Son mucho más exigentes que la generación de sus progenitores, y el motivo no se halla únicamente en la tecnología. Cuando las personas perciben ingresos gracias a la información y su meta consiste en incrementar su bienestar, automáticamente buscarán sólo las informaciones que las ayuden a alcanzar dicha meta. Para esta gente, todas las demás informaciones son inútiles y no representan más que una pérdida de tiempo. Esto también es válido en el caso del entretenimiento: quien desea trabajar con eficiencia en la oficina, planifica su tiempo libre. Las estadísticas demuestran que los ricos pasan menos tiempo frente al televisor que los pobres. Esto se debe a que los ricos poseen menos tiempo libre que los pobres, y aspiran a utilizarlo en forma eficaz. En otras palabras, una vez que terminan de trabajar buscan las informaciones y los contenidos que satisfacen sus necesidades de entretenimiento y relajación. Todo lo demás no les interesa. O visto de otra manera: un medio de comunicación sólo tendrá éxito si sus informaciones representan un servicio atractivo u ofrecen un “valor agregado”.

Hasta ahora, un canal televisivo podía transmitir de todo: desde programas políticos hasta deportes, pasando por temas culturales y económicos, ya que anteriormente la recepción de programas televisivos por vía terrestre era gratuita. Las emisoras de televisión financiaban sus programas por medio de la publicidad, pues las empresas no tenían mayores alternativas para hacer propaganda de sus productos. En la práctica, los medios tradicionales habían monopolizado las comunicaciones con la población. Todavía existe mucha gente dispuesta a gastar dinero en un quiosco para comprar un diario, a pesar de interesarse solamente por una parte del contenido. Esto significa que abonan el precio completo del diario, aunque éste incluye también informaciones que no piensan leer. En el futuro, los lectores ya no serán tan complacientes.

Veámoslo de otra forma: Cuando alguien requiere informaciones para aumentar su caudal de conocimientos, su bienestar o su poder, busca aquellas ofertas que exhiben los servicios más atractivos y de mayor relevancia. También está dispuesto a abonar más, siempre y cuando el precio de las informaciones guarde relación con su utilidad. En cambio, si le ofrecen informaciones menos provechosas o menos especializadas – como es el caso de los diarios clásicos – en el futuro este alguien no solamente deseará pagar menos, sino elegirá no pagar. Simplemente renunciará a este tipo de medios.

Los medios de comunicación tradicionales afrontan tiempos difíciles. Su competencia con el Internet será cada vez más dura, ya que este último brinda a cada usuario “su” propia oferta especial. Probablemente la tarifa mensual de la conexión a Internet sea mayor que los costos de un abono al periódico, pero las elites están dispuestas a pagar el precio, pues consideran que allí encuentran lo que buscan. Algo similar ocurre con la televisión por cable: también es costosa, y sin embargo tiene éxito. La razón está en que los televidentes pueden elegir entre muchos programas diferentes, especializados en determinados temas. La televisión tradicional de señal abierta tal vez emita un solo programa cultural por semana. En cambio, en la televisión por cable es posible encontrar por lo menos una emisora dedicada de lleno a temas culturales. El aficionado a la cultura optará por el sistema por cable. Lo mismo ocurre con las telenovelas, los temas económicos, las noticias políticas, los deportes, etc. La transmisión por cable ofrece contenidos para todos los gustos y todas las necesidades de información. Y cada canal especializado transmite sus programas las 24 horas del día y los siete días de la semana. En Alemania existe inclusive un canal de asesoría tributaria, que no sólo se puede ver por el televisor (Pay-TV), sino también en la computadora de la oficina.

Si desean continuar financiándose a través de la publicidad, los medios de comunicación deberán adaptarse a estas circunstancias. Para ello, deben diversificar su oferta: cada grupo meta exige contenidos especializados. El mayor desafío residirá en la distribución eficaz de dichos contenidos. El periodista se transformará en un “broker” de informaciones, cuya tarea no sólo consistirá en escribir artículos y producir imágenes, sino que deberá estar informado de qué forma, cuándo y cómo llegar a sus destinatarios de la mejor manera posible. Por lo tanto, deberá pensar de modo “trans-medial”, y ser capaz de ofrecer sus informaciones adecuándolas a la transmisión por televisión, por Internet, y en lo posible también para un diario o como noticia breve para los teléfonos celulares.

En el futuro, los medios tradicionales se verán relegados a una parte del mercado de las comunicaciones. En otros tiempos constituían la única fuente de información, puesto que sólo ellos poseían las técnicas de transmisión necesarias. Pero ya hoy en día, muchas empresas ofrecen a sus colaboradores y clientes una “televisión comercial” (“business-TV”), las universidades informan a sus estudiantes por Internet mediante una radioemisora universitaria o “campus-radio”, y los hospitales entretienen a sus pacientes por medio de programas de producción propia sobre temas de salud. Ahora que la técnica ya está al alcance de los bolsillos, los propios expertos se transforman en periodistas.

Lo que resta son las exigencias con respecto a la credibilidad de los periodistas... un aspecto que en el futuro revestirá una importancia aun mayor. La razón reside en que la gente sólo estará dispuesta a pagar más por informaciones útiles siempre y cuando pueda confiar en la seriedad de sus contenidos. Aquél que cometa errores y difunda informaciones falsas, se quedará sin “clientes”.

Artículo para la revista INTERACCIÓN/ CEDAL en Colombia

Autor:Paul Linnarz, director del programa regional Medios de Comunicación y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer

Autor

Paul Linnarz

aparecido

Colombia, 1 de mayo de 2004