Las Ciudades del Tercer Mundo y el Desarrollo Sustentable
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Prof. Lic. Guillermina Fernández
Prof. Lic. Aldo Guzmán Ramos

Introducción

En el marco del debate en torno al Desarrollo Sustentable, sus alcances, sus perspectivas y su práctica existe la discusión sobre la capacidad que poseen las ciudades, de alcanzar dicha sustentabilidad. Esto deviene del papel transcendente que el mundo urbanizado juega hoy en día en la organización del espacio y de la sociedad, los patrones de consumo, el uso de la energía; además de su vínculo con los recursos naturales.

Asociado a lo anterior, y luego de varias décadas de idas y venidas se supone que el desarrollo conlleva estrategias diversificadas, acordes a la realidad multicausal y compleja de una mundo globalizado, pero desparejo. Considerando esto, y al profundizar los alcances que los principios del desarrollo sustentable suponen, y los mecanismos de acción asociados a estos, el trabajo pretende analizar la posibilidad de establecer ciudades sostenibles para todos los niveles de países y si las ciudades del Tercer Mundo tienen la capacidad de asumir la sostenibilidad.

Es necesario rever las dificultades, las capacidades y los límites de un modelo de desarrollo que asumido y propuesto, en buena hora, por los países del Primer Mundo, coloca a los países restantes en enormes encrucijadas.

Al respecto y trasladando esto al espacio urbano, es necesario considerar que si bien las ciudades pueden considerarse, por naturaleza, insustentables, ya que funcionan a partir de una alta demanda de consumo de recursos naturales y en condiciones muy bajas de productividad ecológica, el concepto de ciudades sustentables puede ser útil para la evaluación de los patrones de producción y consumo dentro de las mismas, y dentro de las regiones donde estas se insertan.

El Desarrollo Sustentable

Como señala Allen (1996) "si bien es cierto que la problemática ambiental siempre ha existido, también es verdad que en la actualidad la crisis ambiental esta directamente vinculada a los efectos del progreso contemporáneo de globalización del crecimiento económico, basado en la acumulación de capital y patrones tecnológicos de producción y consumo que se sustentan en una apropiación inequitativa y destructiva de la naturaleza". Esto obliga a repensar los actuales modelos de desarrollo y a revisar las ideologías que bogan por armonizar la relación sociedad-naturaleza dentro del sistema capitalista.

En tal sentido el desarrollo sustentable aparece como una "alternativa" desde hace ya varias décadas y al igual que otros modelos (algunos antropocéntricos otros ecocéntricos) surge a partir de las enormes crisis ambientales causadas por una racionalidad meramente económica y la progresiva pérdida de confianza en la viabilidad del modelo de crecimiento económico y modernización, como única estrategia. La evolución de estos paradigmas refleja los cambios en la percepción ambiental desde una preocupación inicial acerca de las externalidades del crecimiento económico hasta el interés por cuestiones de diversidad e integridad cultural y natural, sustentabilidad y derechos intergeneracionales.

A fines de la década del '60, el enfoque del crecimiento económico fue revisado a la luz de las críticas que argumentaban que aún cuando muchos países alcanzaron un crecimiento económico substancial, este no frenó la pobreza de Tercer Mundo, ni revirtió los procesos de degradación natural y contaminación ambiental del Primer Mundo.

Como respuesta a la generalización de causas y efectos del Informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento, se dieron a conocer muchos documentos, como la Declaración de Cocoyoc (1974) y el Modelo Mundial Latinoamericano de la Fundación Bariloche (1976). Estos marcaron las diferentes perspectivas e intereses del Primer y el Tercer Mundo frente a la problemática ambiental.

Muchas fueron las líneas críticas que estallaron desde los '70 y cada una de ellas estableció diferentes interpretaciones en torno al medio ambiente y el desarrollo. Algunas de estas argumentaciones fueron recogidas por el concepto de Ecodesarrollo (término acuñado por Maurice Strong) y más tarde desarrollado por I. Sachs (1997)). Esta teoría argumentó que las condiciones de diversidad natural y social del planeta ponen en crisis la posibilidad de un modelo de desarrollo global y homogeneizante, y demandan estrategias de desarrollo que deben formularse regionalmente. Lamentablemente sus propuestas encontraron sólo una limitada difusión y discusión a nivel internacional, y en la década del '80 fueron reeditadas bajo el concepto del Desarrollo Sustentable.

En algunos casos el Desarrollo Sustentable ha sido el redentor, capaz de superar objetivos muy antagónicos. Sin embargo este consenso internacional ha llevado a diferentes interpretaciones y enfoques. Probablemente la definición más popular ha llegado de la mano del Informe Brundtland, este documento supone que el desarrollo sustentable debe satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer el derecho de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades. Pero también es sabido que el Desarrollo Sustentable demanda estrategias diversificadas para alcanzar ese principio de sustentabilidad. En estas juegan un rol fundamental la realidad social, política, económica y ambiental especifica de cada lugar. En definitiva la inequidad social y económica entre Primer Mundo y Tercer Mundo debe entenderse como aspectos cruciales en la crisis ambiental mundial, que supone niveles de responsabilidad diferentes y sobre todo capacidades disímiles.

La interpretación dominante del Desarrollo Sustentable postula el alcance de los objetivos tradicionales del desarrollo (bienestar social y aumento de la productividad económica) a partir de la adopción de criterios de sustentabilidad ecológica en el uso de los recursos a largo plazo. Muchos países han elaborado sus propias interpretaciones, pero en pocos casos se ha traslado a líneas directas de acción.

La vaguedad en el uso del concepto de Desarrollo Sustentable ha llevado a considerar que este es tan amplio que facilita el consenso, ya que desde muy amplias posturas se puede adherir al mismo con argumentos convincentes para un amplio espectro de actores, lo que no implica que con él lleguemos solamente a tranquilizar algunas conciencias, sin lograr verdaderamente avanzar en la solución de los problemas.

Ahora bien dentro del propio Desarrollo Sustentable la discusión se ha centrado en torno a la distinción entre un concepto que se vuelca más hacia el crecimiento sustentable o al verdadero desarrollo sustentable. El primero se asocia a las propuestas del Informe Brundtland en donde el respeto al medio ambiente debe hacerse compatible con el aumento del PIB mundial que permita eliminar la pobreza, a partir del avance tecnológico. En el segundo caso quienes sostienen este concepto en su sentido más puro, consideran que el crecimiento económico debe ser moderado y más redistributivo, dado que el actual modelo es causal de desequilibrios permanentes, no solo socioeconómicos, sino también ambientales.

A pesar de lo anterior se denota que los principios del Desarrollo Sustentable suponen un paso adelante en el dialogo y ofrece nuevas aristas. Entre ellas se verifica una mayor consideración y reconocimiento del medio ambiente urbano como una problemática urgente y que requiere ser tratada de forma puntual asociada a estrategias locales, que desde los países del Tercer Mundo se traduce en la revisión del modelo occidental de desarrollo y la discusión de alternativas. Claro esta que muchas de estas no han podido superar la barrera del simple aumento en el crecimiento económico, para luego pensar en otros aspectos del desarrollo... y allí se han quedado.

La clave esta en como traducir todo lo escrito, dicho y corregido sobre el Desarrollo Sustentable en estrategias concretas de acción y en mecanismos para evaluar el actual camino recorrido por programas ya propuestos. Allí radica la necesidad de definir indicadores para evaluar los objetivos sociales, ambientales y económicos propuestos, ver su estado de avance y la eficacia de lo realizado. Lamentablemente aquí las dificultades son mayores, un menor consenso y desarrollo se registra en la evaluación del estado actual del medio ambiente, dadas las diferentes capacidades técnicas y operativas de las regiones, la falta de información, y sus diferencias culturales y económicas en términos de intercambios.

Las Ciudades y el Medio Ambiente a Principios del Siglo XXI

La ciudad se presenta como un claro ejemplo de la relación población-medio ambiente, donde se requieren cada vez mayores cantidades de insumos como la energía, el agua o los alimentos, lo cual conlleva, dentro del actual modelo neoliberal, a una explotación de la naturaleza de forma elevada, generando variedad de impactos intraurbanos y extraurbanos.

Considerando lo anterior, y frente al aumento constante de la población urbana, la Agenda 21, firmada por las comunidades del mundo en el Encuentro Mundial de Río de Janeiro en 1992, establece explícitamente que el desarrollo urbano sustentable tiene una importancia crítica para establecer una relación viable entre la población y el medio ambiente global. Las ciudades de hoy en día tienen una oportunidad histórica para implementar acciones técnicas y organizativas para lograr este fin.
La relevancia de considerar la necesidad de un desarrollo urbano sustentable se manifiesta a través de estadísticas que son ciertamente elocuentes. En 1990 las 100 ciudades más grandes del mundo albergaban 540 millones de personas, en las 20 mayores ciudades vivían 220 millones de seres humanos y las megaciudades de más de 10 millones de personas se extendían por cientos de miles de hectáreas. Además, existían 35 ciudades de más de 5 millones de habitantes y cientos de más de un millón. En el siglo XIX y principios del XX el proceso de urbanización se produjo en el hemisferio norte como resultado de una rápida industrialización asociada a un uso intensivo de los combustibles fósiles. Hoy en día el mayor crecimiento de las ciudades está dado en el hemisferio sur, por un desarrollo urbano industrial y un declinar de las economías y ambientes rurales. No obstante la actual crisis económica en la que se ven envueltos estos países les trae aparejado problemáticas diversas que van desde el desempleo y los estallidos sociales hasta los problemas de migración y pérdida de recursos.

La cuestión central es saber si podrán mantenerse los estándares de vida de las ciudades del Primer Mundo, y si pueden aspirar a ellos las urbes más retrasadas tercermundistas, sin que esto signifique impactos ambientales, sociales y económicos mayores. Dado que el metabolismo de la mayoría de las ciudades hoy en día es lineal, los recursos fluyen hacia los sistemas urbanos sin saber mucho su origen, ni el destino de sus desechos. Como señala Herbert Girardet (2000) "el sistema metabólico lineal de la mayoría de las ciudades es profundamente diferente del sistema metabólico circular de la naturaleza donde todo producto de un organismo es un input para renovar la vida en el ambiente. Se supone entonces que las ciudades que se desarrollen de forma autorregulada, con una relación sustentable con el medio ambiente, adoptarán un sistema metabólico circular asociado a la viabilidad de su relación con su entorno".

En realidad las ciudades han venido cambiando mucho con el tiempo. La vieja idea de asimilar crecimiento urbano con bienestar ya no se puede seguir manteniendo. Se han transformado sus diversos sistemas tecnológicos y productivos, y también las formas de usarlas y medirlas. Por otro lado, como sostiene Tomás R. Villasante (2001) "la "huella ecológica" de cada urbe (territorio que afecta y del que vive) es cada vez más grande, y traspasa los continentes. Los datos de la no sustentabilidad ecológica y económica de las metrópolis no hacen sino corroborar la impresión de los propios ciudadanos, que en cuanto pueden se escapan de ella los fines de semana o en las vacaciones". Se ha demostrado que espacios altamente urbanizados como Holanda y con un elevado "nivel de vida", requieren del resto del mundo un espacio catorce veces mayor que su superficie para mantener su sustentabilidad. Es decir, los territorios del Primer Mundo en especial sus metrópolis están importando sustentabilidad del Tercer Mundo.

Teniendo en cuenta esto, el desafío del desarrollo sustentable para las ciudades obliga a considerar de forma diferente las potencialidades de las ciudades del Primer Mundo y las del Tercer Mundo. Las primeras poseen el capital y la tecnología suficiente para "trasladar sus problemas" a otros espacios, mientras que las ciudades del Tercer Mundo deben, o deberían, resolver los problemas en su "propio espacio".

Las Problemáticas de las Ciudades del Tercer Mundo

La mundialización se asocia a la progresiva libertad de circulación mundial de capitales, que, junto a la deuda externa, principalmente, de los países del Tercer Mundo, es la causa principal de la expansión de la economía financiera. Esta circulación de capitales y estas "presiones" a las que se ven sometidos especulativamente algunos países produce desequilibrios económicos. Todo ello conlleva una creciente concentración de la riqueza en determinados sectores de los países del Primer Mundo y en las élites gobernantes del Tercer Mundo, generando un empobrecimiento generalizado de la población, marginación de amplios sectores sociales y una serie de problemáticas asociadas de difícil solución. La mayoría de sus ciudades se han convertido en territorios que cada vez consumen más recursos y generan cantidades enormes de residuos, lo que implica un creciente impacto ambiental. Esto se refleja en múltiples planos, entre ellos, la dinámica que adquieren las ciudades dentro del sistema regional y mundial y el crecimiento poblacional que están experimentando.

Aunque las tasas de crecimiento varían considerablemente de una región a otra, y de una a otra ciudad, en la actualidad se da un crecimiento más acentuado en las regiones más pobres y en las que están atravesando un proceso de rápido crecimiento económico, como algunas ciudades del Sudeste Asiático, que no poseen infraestructura suficiente para absorber el crecimiento de población y resolver los problemas de la expansión industrial incontrolada que se suma a los ya existentes. Cada situación tiene sus propias y distintivas implicancias para el medio ambiente urbano.

En líneas generales existen muchos casos de ciudades donde las problemáticas se agudizan diariamente. Es posible citar innumerables ejemplos de los problemas de las ciudades del Tercer Mundo. Para ilustrar esta situación sólo presentaremos algunos casos para América Latina, Asia y Africa, considerando la amplitud de la bibliografía al respecto.

En primer lugar, se plantea la situación en la ciudad de Lima. Esta se configura a partir de la inmigración rural y de ciudades intermedias, logrando convertirse en un centro neurálgico, articulador de todo el país. Pero las bajas posibilidades de empleo, la falta de infraestructura y de reactivación de mercado, convirtió a la periferia de la ciudad en el área de expansión informal (autoconstrucción, ausencia de servicios, etc.). Esto ha traído aparejado problemas sociales de fragmentación y polarización socioespacial de la ciudad, y ambientales (contaminación, superposición de usos, problemas de accesibilidad, falta de espacios verdes, etc.).

Otro caso dentro de América Latina es San Pablo. La metrópoli paulista creció y crece a la sombra de un desarrollo industrial, que la moderniza y la hace menos débil que la ciudad de Lima. La dispersión en la concentración industrial de décadas pasadas amplio el área metropolitana y la creación de empleo generó flujos migratorios, que alcanzaron un grado difícil de contener. Esto sumado a errores en la planificación terminaron en la precarización y caída del empleo. La dispersión industrial fue acompañada de complejos habitacionales poco calificados y desintegrados del ejido urbano. La especulación inmobiliaria y la falta de accesibilidad, entre otros factores, a los que suman los vaivenes económicos de Brasil, contribuyeron a la aparición de problemáticas sociales graves y deterioro ambiental (contaminación, incompatibilidad de usos, etc.).

En Africa, si bien existen innumerables casos como en América Latina, se menciona a la ciudad de Abidjan, que fue un próspero centro urbano, creado por la administración francesa como punto neurálgico de las vías férreas y puerto comercial en Costa de Marfil, experimentando a mediados del siglo XX, el declive que caracterizó a toda la región. Actualmente posee una población que ronda los tres millones de habitantes y una base industrial importante. Hoy en día es capital de una nación independiente que enfrenta una crisis urbana similar a otras ciudades como Nairobi (Kenia), Lusaka (Zambia), Kinsasha (Zaire) y Dakar (Senegal), con un crecimiento demográfico acelerado, quiebra de servicios urbanos elementales, conflictos sociales y epidemias como el SIDA. La pobreza se convierte en la causa de muchos problemas, pero su realidad es regional, los ajustes que ha sufrido toda el área, han sido negativos, y han condicionado la falta de infraestructura y servicios que han elevado terriblemente la tasa de mortalidad infantil.

En Asia, Yakarta capital de la República de Indonesia (uno de los Nuevos Países Industriales), es una ciudad de rápida industrialización que esta bajo la influencia de fuerzas contradictorias. Se la considera un motor de desarrollo para el país, liderando un enorme proceso de crecimiento que ha demandado costes considerables, entre los cuales se dan aumentos en la contaminación atmosférica que ha generado problemas de salud, así como la degradación en la calidad del agua, etc. La ausencia de planificación que compatibilice el uso del suelo industrial, residencial, etc. ha agravado esta situación. La prosperidad económica ha encontrado a la ciudad con enormes problemas de base que le impiden asumir y distribuir mejor el crecimiento.

Pero, no solamente son importantes de analizar los problemas de las grandes metrópolis como las mencionadas anteriormente. En muchas regiones se experimenta un crecimiento de las Aglomeraciones de Tamaño Intermedio (ATIs). La conflictividad en estos asentamientos aumenta en los países del Tercer Mundo ya que lejos de equilibrar el sistema urbano, como en el Primer Mundo, presentan por sus características históricas y estructurales, enormes problemáticas. Crecen más que las ciudades grandes en general, aunque en este momento tienen baja oferta de empleo industrial y/o agroindustrial, terciarizandose, con escasa disponibilidad financiera para la inversión pública. Si bien la conjunción de estos factores a derivado en perdida de calidad ambiental, las ciudades intermedias aún conservan, en general, niveles más aceptables que las grandes metrópolis; además de mayor seguridad, accesibilidad, redes sociales más fuertes, etc.

Más allá de las características regionales en las cuales se insertan las ciudades del Tercer Mundo, todas ellas poseen problemas que desbordan lo urbano y se asocian al aumento en la brecha social y económica entre lo urbano y lo rural, entre hombres y mujeres, y entre quienes reciben educación y quienes son analfabetos. Esta cuestión irresuelta y la dependencia económica impide pensar en la resolución de otras problemáticas aparentemente ajenas como las ambientales.

Se ha comprobado que las ciudades están concentrando en ámbitos socioespaciales diferenciados los efectos económicos más positivos y negativos de los procesos de divergencia social y territorial en el ámbito intraurbano, a los que se ven obligados a dar respuesta los gobiernos locales. Sin embargo estos carecen, generalmente, de la capacidad de intervención en el diseño de políticas sectoriales de rango nacional que marcan la dirección de las grandes transformaciones económicas y tampoco cuentan con marcos específicos de apoyo proporcionales para paliar eficazmente las consecuencias de los cambios dentro de la ciudad. Esto suele convertirse en uno de los impedimentos mas graves a resolver para encarar el Desarrollo Sustentable en las ciudades del Tercer Mundo.

El Desafío de la Sostenibilidad para las Ciudades del Tercer Mundo

Es bastante común hablar de crisis de sustentabilidad de las ciudades y de la necesidad de adoptar políticas de desarrollo urbano sustentable. La principal expresión de la crisis se manifestaría en torno al deterioro de los asentamientos, a la perdida de habitabilidad, al aumento de la marginalidad y la pobreza, y al estancamiento económico

Las ciudades son "ecosistemas" complejos, tanto si hablamos de una red de ciudades medias y pueblos en una región, como si hablamos de una gran metrópoli. Hoy ambos sistemas pueden tener sus fuentes de aprovisionamiento por todo el mundo o explotar los recursos más inmediatos. Ambos sistemas están conectados a la globalidad por las redes de información mundiales, y pueden articularse internamente de muy diversas maneras.

Teniendo en cuenta estas interrelaciones, se han propuesto indicadores internacionales para que las ciudades alcancen niveles similares; pero esto por su complejidad es sumamente difícil de lograr con ciudades muy diferentes Como sostiene T. R. Villasante (2001) "quizás sea más interesante intentar conseguir una buena calidad de vida según los criterios de los propios habitantes, los propios recursos, y hacer un reequilibrio armónico de las propias capacidades. Sin duda esto puede parecer más lento a corto plazo y ahuyentar a los inversores especulativos, pero una ciudad bien reequilibrada es un elemento muy interesante para otra serie de capitales más productivos y a medio plazo. Organizándose bien por dentro, con menos polarización y tensiones sociales, y con más reequilibrio de energías e información, la competitividad será una consecuencia".

Es posible decir que las mediciones de calidad de vida se asocian a la habitabilidad de un pueblo o una ciudad, y de su grado de satisfacción particular, pero hasta el momento, en muchos casos no se tiene en cuenta a costa de qué elementos lo consigue. En el transcurso del tiempo, es posible que lo que hoy es de calidad no pueda continuar siéndolo en generaciones futuras (concepto de sustentabilidad). Espacialmente hay que tener en cuenta que, lo que en un lugar revela una buena calidad, en otras partes puede estar degradando los recursos (la huella ecológica de la ciudad que se extiende muy lejos) y algún otro espacio puede estar siendo afectado. La pregunta es: ¿a costa de quienes proponemos mejorar la calidad de vida y alcanzar el desarrollo sustentable en algunas regiones?.

Tomás Maldonado y R. Guimaraes manifiestan un marcado escepticismo sobre la aplicabilidad generalizada del concepto de desarrollo sustentable. Este postula la perdurabilidad del modelo capitalista actual mediante una globalista proposición de externalización de la demanda de recursos naturales que el modelo requiere. El desarrollo sustentable se identifica con el mantenimiento del statu quo socioeconómico junto a la gestión racional "globalizada" del patrimonio de los recursos naturales. Esto resulta insuficiente para los países del Tercer Mundo. La sustentabilidad no solo se apoya en el manejo de los recursos naturales sino también en la apropiación diferencial del "capital" natural, no solo en términos de acceso a la tecnología sino también alrededor de una reevaluación económica y política de los recursos naturales.

Guimaraes señala que la Conferencia de Río '92 pretendió llevar a un manejo global el patrimonio de los recursos naturales. Esta esquematización en nombre del desarrollo sustentable es sumamente asimétrica.

Frente a la situación diferencial, entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, expresado en el apartado anterior, la noción de desarrollo sustentable resulta ambigua, y demasiado divergente y no tiende a corregir las asimetrías de la calidad ambiental, convirtiendo la noción de sustentabilidad en simple retórica neoliberal (Guimaraes, R. en Fernández, R. 1998). Esta idea expresada por Guimaraes puede ejemplificarse en el hecho de que el Banco Mundial asignó en China, 2 millones de U$S para instrumentar acciones de reducción de dióxido de carbono en la atmósfera, al mismo tiempo que aportó 310 millones de U$S para el montaje de fabricas eléctricas basadas en combustión carbonífera, y 1.000 millones de U$S para el desarrollo de transportes basados en el uso de combustibles fósiles.

Considerando lo anterior, Roberto Guimaraes propone revisar el concepto de desarrollo sustentable según cuatro expresiones. Una "sustentabilidad ecológica", con el manejo racional de los recursos naturales, maximizando su administración y conservación, evitando su dilapidación en nombre de coyunturalismos económicos. Una "sustentabilidad ambiental" entendida como el manejo racional de la presión de las externalidades negativas sobre el patrimonio de los recursos naturales. Una "sustentabilidad social" que se apoye en políticas y acciones tendientes al mejoramiento de la calidad de vida. Por último "una sustentabilidad política" asociada a la democratización real, tanto local, regional como nacional, la que ira cimentando la reorientación de una política neoliberal que compromete los recursos naturales de la región y la calidad de vida de sus habitantes.

Las ciudades del Tercer Mundo deben asumir el desafío del desarrollo. Para ello existen propuestas que confrontan los valores del desarrollo en términos económicos apoyados en una sustentabilidad que persigue modelos asociados a los países del Primer Mundo con iniciativas locales que deberán incluir: 1) una componente social, medida del bienestar en salud, educación, vivienda y empleo. 2) una dimensión política, que de autonomía a los gobiernos locales e incorpore los derechos humanos, la libertad política de decisión, etc., 3) un aporte económico, que considere la generación de riqueza y mejore condiciones de vida en donde se revean los actuales patrones de consumo y se proponga una distribución equitativa, 4) una dimensión cultural que rescate la identidad de los lugares y los pueblos para asumir sus propias alternativas, 5) una componente ética que revise en que medida los actuales modelos proponen un desarrollo de unos basados en el estancamiento de otros, 6) una componente ecológica que incorpore la naturaleza proveedora de recursos y servicios y su conservación.

Resulta sustancial definir un modelo de política urbana para cada ciudad, en el marco de su contexto regional y en términos sustentables. Las Agendas Locales definen el Desarrollo Sustentable desde una escala local. Desde este campo, el Consejo Internacional de Iniciativas Ambientales Locales (ICLEI) propuso que el Desarrollo Sustentable de una gestión urbana consistiría en un desarrollo que distribuye servicios ambientales, económicos y sociales básicos a todos, sin alterar la viabilidad de los sistemas ecológicos y comunitarios de los que esos servicios dependen. Se propone diseñar acuerdos entre actores sociales significativos que puedan motorizar un plan de acción sistemático y retroalimentado, con criterios basados en un fortalecimiento de la capacitación activa de la sociedad local para desarrollar acciones y potenciar enfoques basados en el desarrollo sustentable. Esto debe tener una base activa, flexible, con un soporte continuo de interacción entre la gestión oficial y las demandas sociales.

En definitiva es necesario proponer mecanismos de acción en donde se requiere entender la relación con la historia urbana heredada, la cultura, las capacidades de la sociedad, etc. Se puede plantear copiar modelos internacionales de moda, o perseverar en el esquema propio de cada ciudad. Pero tales dilemas son un poco falsos porque nunca se pueden realizar puramente. Ni la ciudad se va a quedar quieta sin cambiar a otros usos y necesidades, ni las copias pueden prescindir de las características heredadas. Por eso la creatividad de cómo incorporar las necesidades y usos nuevos dentro de lo heredado pasa a ser un aspecto importante, donde se van a ir concretando los otros elementos de sustentabilidad, ciudadanía, e integración. No se puede pensar la gestión urbana sustentable al margen de estos otros condicionantes de los procesos urbanos.

Conclusiones

Las ciudades del Tercer Mundo enfrentan a principios del siglo XXI un desafío que implica revisar los actuales modelos de desarrollo propuestos bajo un concepto de desarrollo sustentable que posee características propias de los países del Primer Mundo. Sus limitaciones y la situación de dependencia económica actual les impide lograr patrones de crecimiento y de consumo similares a los de los países desarrollados. Por otro lado el desarrollo alcanzado por estos países ha tenido como factor principal el uso que han hecho de los recursos de todo el planeta.

La sustentabilidad, más allá, de todos los debate planteados es un camino que obliga a repensar la gestión urbana dentro de parámetros locales. Si bien la dependencia económica resulta un obstáculo difícil de sortear en el corto plazo, si es posible encarar planes y acciones que minimicen, al menos, la crisis socioeconómica y ambiental de los países, en general, y de las ciudades, en particular.

Solo podrán ser sustentables las ciudades del Tercer Mundo, en la medida en que revisen qué significa la sustentabilidad dentro de su propio esquema de desarrollo y crecimiento, que puede incluir una propuesta "radicalmente diferente" a lo planteado por los países del Primer Mundo, por tener características disímiles.

Esto no implica intentar desarticular el sistema mundial, sino insertarse en lo global pero manteniendo las particularidades locales.

Además, debemos tener en cuenta, que la sustentabilidad urbana fracasará si no se plantea dentro de un modelo sustentable que incorpore el resto del espacio ocupado por el hombre, y del que la ciudad suele olvidarse.

En definitiva, el diseño de políticas urbanas apropiadas se ha de basar en el reconocimiento de las características fundamentales del cambio para cada ciudad y para el conjunto de nuestro modelo urbano; es difícil precisar las líneas maestras de dicho cambio más allá de la condición de la ciudad como sistema abierto que es y seguirá actuando como centro de las actividades económicas de muchas regiones de diverso tamaño.

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