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Justicia social en la globalizaciób

by Miguel Ángel Rodríguez
Presentación en la celebración del 40 aniversario de fundación de la KAS. Miguel Ángel RodríguezBerlín 24 de julio del 2002-07-20.

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En Setiembre de 1987 participe en una reunión de líderes de la Unión Demócrata Internacional aquí en Berlín bajo la invitación del Canciller Kohl y con la presencia de la Primer Ministra Thatcher, del Ministro Presidente Strauss de Baviera, del Presidente del Partido Republicano de los EEUU, y de otros seis jefes de gobierno. Mi principal recuerdo de ese evento fue el clamor de: "El muro levantado en 1961 debe caer". Pocos podían siquiera soñar que ese grito sería realidad en tan corto plazo.

Cuarenta años es también un corto plazo en la historia de las naciones, y en ese breve lapso es extraordinario el aporte a la causa de la dignidad humana que la Fundación Konrad Adenauer ha brindado. En América Latina y en especial en Centro América hemos experimentado plenamente el apoyo de la Fundación Honrad Adenauer a la conquista de la paz mediante la construcción de la democracia y la búsqueda de la justicia social y la eficiencia económica. Por eso es motivo de gran honor y satisfacción poder participar con Uds. hoy de esta celebración de cumpleaños y éxitos.

En esa ocasión en 1987 frente al Muro, los líderes reunidos expresaron su convicción de que "la economía social de mercado que sostiene la libertad económica, esta directamente unida a la libertad política y a la democracia". Hago recuerdo de esa declaración porque me voy a permitir hacer tres aclaraciones en cuyo contexto solicito se interpreten mis comentarios sobre Justicia Social en la Globalización.

Primero: La responsabilidad principal de su propio desarrollo y del bienestar de sus habitantes es de cada una de las naciones y de las mismas personas desposeídas, cuya creatividad y trabajo constituyen la más importante herramienta para su progreso. Claro esta, esto obliga a facilitarles a las personas y a las naciones las capacidades para que puedan aprovechar las oportunidades de desarrollo.

Segundo: La globalización es un fenómeno técnico que se viene dando desde el crecimiento y la integración de los mercados europeos en la edad media, y con mayor fuerza con el renacimiento, los descubrimientos geográficos, la revolución industrial y recientemente los acelerados avances en la tecnología de la información y el transporte. Pero esto no es óbice para que debamos maximizar sus efectos positivos y minimizar sus costos. Como señaló el Señor Presidente de Alemania Johannes Rau en su discurso el 13 de mayo de este año en el Museum für Kommunikation aquí en Berlín, "La libertad y la justicia son valores según los cuales debemos orientarnos para llevar la Globalización por buen camino en lo económico y lo político" Y luego agregó "La globalización será un éxito si las fuerzas dinámicas del mercado son conducidas por el camino político correcto. Los seres humanos de todo el mundo deben sentir que ellos son el centro neurálgico. Han de reconocer que la política y la economía se hacen para satisfacer al ser humano."

Tercero: El crecimiento del conocimiento económico y la experiencia histórica nos han vuelto a enseñar que no existen formulas sencillas y unicausales para resolver complejos problemas sociales. Ni el ahorro externo que resolvía la doble brecha de ahorro interno y divisas, ni la apertura económica y la ortodoxia fiscal y monetaria, ni el desarrollo del capital humano, ni la mejora de las instituciones, ni la privatización y la desregulación, ni el libre movimiento de capitales, ni un tipo de cambio neutro, ninguna medida por si sola garantiza el crecimiento económico, la participación generalizada en el progreso y la disminución de la pobreza. Necesitamos hacerlo todo, y..... no es fácil.

Pasamos de los simples modelos de crecimiento basados en recursos externos para paliar las carencias nacionales, y de la sustitución de importaciones a la apertura y el Consenso de Washington, pero ello no nos permitió alcanzar las tazas altas de crecimiento que nos llevaran a disminuir aceleradamente la pobreza. Ahora hemos alcanzado el Consenso de Monterrey, con la enorme dificultad que tenemos que hacerlo todo: políticas monetarias y fiscales austeras, apertura de los mercados internos y externos, formación de capital humano, desarrollo de la infraestructura, construcción de democracia, de estado de derecho, de un sistema judicial creíble y eficiente, freno a la corrupción, fortalecimiento institucional, políticas favorables al ambiente.

Con estas tres aclaraciones permítanme ahora elaborar sobre algunas de las medidas de política internacional que considero indispensables para que los frutos de la globalización sean favorables para los pobres de los países en desarrollo.

Acceso de los productos de países pobres a los mercados de los países ricos.

En la reciente Cumbre de Monterrey Mike Moore Director General de la OMC nos dijo: "La pobreza en todas sus formas es la mayor amenaza a la paz, la democracia, los derechos humanos y el medio ambiente...pero podemos conjurarla..uno de los medios es la liberación del comercio." En ese mismo evento el Director Gerente del FMI Horst Köhler señaló: "integrarse a la economía global es bueno para el crecimiento, y el crecimiento es esencial para combatir la pobreza. El mundo necesita más no menos integración. Pero también necesita cooperación internacional más fuerte para guiar y conformar el proceso de globalización." Por su parte James Wolfensohn Presidente del Banco Mundial: "No podemos dejar de tomar acción en el campo comercial. Debemos continuar urgiendo a los países ricos a derribar las barreras al comercio que causan daño a los trabajadores más pobres del mundo, eliminando mercados para sus productos."

La realidad es que hoy día la ronda de Doha abre el camino a la esperanza de creación de mercados y empleos para el comercio internacional de los países más pobres, pero eso es esperanza de futuro, la realidad que vivimos es todavía de discriminación y restricción a los productos de los países más pobres. Para el período 97-98 el arancel promedio que enfrentan las exportaciones de los países más pobres con menos de $2 por persona al día es de más de 13%, bastante más del doble del nivel apenas superior al 5% que pagan las exportaciones del resto de los países.

El vicepresidente y Economista Jefe del Banco Mundial además de darnos estas cifras en la Cumbre Iberoamericana en Lima en setiembre pasado, también nos demostró que el proteccionismo agrícola de la Unión Europea, Japón, Estados Unidos y Canadá ha aumentado en los últimos años. Además los derechos arancelarios consolidados que impone la OCDE a los productos agrícolas son 4 veces los que se imponen a los productos industriales.

Otro rubro de muy injusta consecuencia es el proteccionismo a las industrias trabajo intensivas en los países ricos. El principal ejemplo son textiles y vestimenta en los cuales los países pobre tienen ventajas comparativas y que soportan cuotas, restricciones y aranceles que oscilan entre el 15 y el 30%. Para el 1 de enero del 2005 según la Ronda de Uruguay se be dar la integración indispensable de estos artículos al libre comercio lo cual es indispensable para la justicia social de la globalización.

El costo diario del proteccionismo de los países ricos es del orden de un billón de dólares. También los consumidores y productores de los países ricos ganarían de un desmantelamiento de este sistema que grava con altos aranceles y restricciones las exportaciones de los países pobres, les deprime los precios de sus productos agrícolas en los mercados mundiales con la subsidiada exportación de sus excedentes y les elimina las posibilidades de explotar en beneficio de su crecimiento sus propias ventajas comparativas. Si los países ricos quieren transferir recursos a sus habitantes de zonas rurales, que lo hagan pero en base por persona y no relacionado a la producción de artículos caros que le eliminan las posibilidades de empleo y producción a los trabajadores y empresas de los países pobres.

Entre los productos con aranceles mas altos se encuentran la carne, el azúcar, la leche, los productos lácteos y el chocolate cuyas tarifas muchas veces superan el 100%, el tabaco, bebidas alcohólicas, frutas y hortalizas como bananos y maní, productos de la industria alimenticia, y claro textiles y vestimenta.

Un estudio hecho a solicitud mía para la primera cumbre Unión Europea -Latino América en 1999 por Hill Martin y Emito Fukase del Banco Mundial explicó como la política agrícola de la Unión Europea impone costos elevados a los países de América Latina. El más obvio, el de los aranceles que se calculo para 1995 en $3.4 billones. Adicionalmente la depresión de los precios de sus productos de exportación causa un deterioro a los términos de intercambio de la mayoría de los países latinoamericanos con caídas del orden del 8% para Argentina y Uruguay y si la Política Agrícola Común de la Unión Europea fuese reformada esto significaría para los países de América Latina un ingreso anual de más de $4 billones.

No cabe duda que la apertura comercial de los países ricos a los productos más competitivos de los países en desarrollo es básica para que haya justicia en la globalización.

En su informe sobre perspectivas económicas mundiales y países en desarrollo para el 2002, el Banco Mundial estima que la remodelación de la arquitectura comercial a favor del desarrollo reduciría para el año 2015 la cantidad de pobres en 300 millones de personas más que si no se da ese cambio, eso permitiría aumentar la reducción de pobreza en este p'eríodo en un 50%.

La asistencia oficial al desarrollo de los países ricos

Nunca ni cercanamente se ha alcanzado la meta del 0.7% del PIB de los países ricos que hace ya muchos años las Naciones Unidas se impusieron como objetivo para la colaboración al desarrollo de los países pobres. Esta asistencia oficial al desarrollo es especialmente importante para las naciones más pobres entrampadas en el estancamiento y la miseria de sus ciudadanos.

Sin embargo para esos países la asistencia oficial recibida de parte de países de la OECD bajó de $14,406 billones en 1990 a $11,798 en el 2000 y fue incluso significativamente inferior a ese monto del 96 al 99. A pesar que en 1990 se fijó la meta de transferir asistencia oficial al desarrollo a los países menos desarrollados de un 0.2% del PNB de los países industrializados, en el 2000 solo se alcanzó un 0.06%.

Entre 1990 y el 2000, 15 de los 22 países de la OECD disminuyeron su asistencia oficial al desarrollo como porcentajes de su INB mientras sólo 4 la aumentaron, y en conjunto al asistencia oficial al desarrollo se disminuyó de un 0.35 del producto de los países desarrollados a mediados de los noventa a un 0.22% en el período 1998-2000.

Esta disminución de la asistencia oficial al desarrollo se ha visto compensada por un incremento en los flujos privados de capital, tanto financieros como de inversión directa. Pero los flujos privados muestran fluctuaciones pronunciadas en especial por sus componentes más volátiles: los flujos de corto plazo y el financiamiento a largo plazo. Estas fuentes de recursos externos para los países en desarrollo pasaron de representar el 1% del producto de las naciones receptoras en 1971 a 1974, a ser el 2,3% en 77-82, luego el 0,5% en el 83-90, y ascendieron en 93-97 a 2,8% para descender nuevamente a 0,7% en 2001. Por su parte la inversión directa externa no ha sido tan volátil, y más bien ha mostrado una tendencia creciente en los ochenta y aún más fuerte en los noventa, por lo que no ha provocado los costos de ajustes financieros a los cuales me referiré luego.

Pero los flujos financieros privados por su volatilidad generan crisis financieras sumamente costosas y a menudo mantiene artificialmente altos los tipos de cambio reales disminuyendo la competitividad de los países receptores, y las naciones más pobres no cuentan a menudo con el desarrollo institucional que garantice y atraiga los movimientos privados de capital.

Por ello la asistencia oficial al desarrollo es especialmente necesaria para los países más pobres. Jeffry Sachs ha mostrado que con una cantidad de recursos muy pequeña en relación a sus producciones, los países ricos podrían abatir las enfermedades contagiosas que arrancan la vida a millones de personas en África y los países más pobres de Asia y América Latina. Frente a la realidad de los números decrecientes de ayuda se levanta el clamor de las enfermedades como el SIDA que para el 2000 ya había matado 22 millones de personas , incluyendo 4,3 millones de niños y niñas y se había diagnosticado a otros 36 millones, a los 8 millones de personas que contraen tuberculosis cada año y de los cuales mueren 2 millones, de malaria muere un millón al año y está aumentando, casi 600.000 mujeres mueren anualmente por complicaciones prevenibles del embarazo, y más de 11 millones de niños y niñas mueren anualmente de causas prevenibles. El hambre causa la desnutrición de 149 millones de niños y niñas y demás, 100 millones de niños y mayoritariamente niñas no cursan educación básica.

Tal como lo declara el consenso de Monterrey es un imperativo moral de los países ricos aumentar su asistencia oficial al desarrollo especialmente de los países más pobres, pero también esa acción es un acto inteligente de interés propio de los ciudadanos de los países ricos. En efecto la miseria, la enfermedad y la ignorancia de los pobres atentan contra el bienestar de los ricos. Esas condiciones generan movimientos migratorios, propagan enfermedades, alimentan actividades ilegales, promueven prácticas agrícolas de subsistencia que deterioran el medio ambiente, reducen mercados potenciales para exportaciones de artículos producidos por los países ricos, y a menudo conducen a la violencia y justifican incrementos del gasto militar. No es solo buena moral sino también buen negocio ayudar a los más pobres a salir de su pobreza, su enfermedad y su ignorancia.

Los recursos de los países ricos para aumentar la asistencia oficial al desarrollo pueden venir de una disminución de los subsidios agrícolas que hoy día son seis veces mayores que el total de esa asistencia.

El problema de la Deuda Externa

En una relación financiera entre privados si el negocio va mal viene una quiebra y pierden tanto deudor como acreedor según las reglas del derecho. En el campo internacional las soluciones se dan ad hoc, y en consecuencia dependen de las capacidades negociadoras y económicas de las partes. Por eso desde la crisis de la deuda externa de los ochenta el mundo ha venido escuchando diversas propuestas para atender las necesidades de los países en desarrollo altamente endeudados, que además en las circunstancias de las últimas décadas, no han disfrutado de un periodo prolongado de alto crecimiento para facilitar el servicio de sus acreencias exteriores. Algunos países lograron avances importantes recomprando a valores descontados su deuda externa, o llegando a acuerdos con sus acreedores para reducir el valor facial de la misma. Para los países pobres altamente endeudados la iniciativa HIPIC ha sido la mayor esperanza. Según el reporte de abril de este año del FMI 26 países han sido declarados elegibles para recibir los beneficios de condonación de sus deudas, pero desdichadamente solo 4 han llegado al punto de completar la iniciativa. Esto es apenas la mitad de los países que se estimaba recibirían los beneficios el año pasado.

Esto se debe a que los países han necesitado más tiempo para preparar sus estrategias de desarrollo y reducción de la pobreza o han experimentado atrasos en ejecutar reformas macroeconómicas o estructurales claves. Por eso de un total de reducción del valor presente de sus deudas de $24,6 billones a los 26 países solo se han ejecutado $6,3 para Bolivia, Mozambique, Tanzania y Uganda. Los otros 22 países que ya han alcanzado los puntos de decisión para ser elegibles continúan experimentado dificultades para poder obtener los beneficios con pocas excepciones. Por otra parte otros 12 países pobres altamente endeudados no han alcanzado los puntos para una decisión de elegibilidad y la tarea es gigantesca porque esos países luchan por alcanzar la paz y la estabilidad interior, establecer políticas económicas responsables, desarrollar su capacidad de manejo económico y sus programas estratégicos de desarrollo y reducción de pobreza.

Al tiempo los precios internacionales de los productos de exportación de estas naciones han estado deprimidos en los últimos años lo que dificulta mantener su sostenibilidad externa.

La condonación de la deuda de los países bajo la iniciativa HIPIC y otros mecanismos unilaterales, liberaría importantes recursos por un monto cercano a dos terceras partes de la deuda externa de esos países que permitiría aumentar en un 50% los recursos destinados a combatir la pobreza. Pero esto requiere más flexibilidad y oportunidad en la tramitación de estas propuestas para que sean efectivas. Es de esperar que la asesoría de Jeffry Sachs al Secretario General de Naciones Unidas y los compromisos de las Cumbres del Milenio y de Financiamiento al Desarrollo permita un avance más acelerado que el hasta ahora alcanzado.

Por otra parte no se ha tomado en cuenta adecuadamente en la iniciativa HIPIC el impacto de la condonación sobre países en desarrollo que sean acreedores, y que, por no ser ni siquiera miembros del Club de París, ven como terceros disponen de sus activos en algunos casos de manera muy poco equitativa. En mi exposición ante el Grupo Consultivo del BID en Madrid en marzo del 2001 señalé: "La condonación, que para un país desarrollado o para un organismo multilateral puede ser de fácil absorción,

causaría severos perjuicios macroeconómicos a un país de pocos recursos como Costa Rica. Como ejemplo baste señalar que según datos del FMI la condonación total de Estados Unidos sería de 195,1 millones de euros, la de España de 353,8 millones de euros y la de Costa Rica de 381,7 millones de euros. Esto significa que mientras cada estadounidense aporta 0,75 euros y cada español 9,01 euros, cada costarricense aportaría 108,8 euros. Visto en relación con las reservas internacionales de cada país Estados Unidos condonaría el 0,35, España el 1% y Costa Rica el 24,5%." Por ello es también necesario dar un trato apropiado y equitativo a las naciones en desarrollo acreedoras de beneficiarios HIPIC que no confisque sus reservas, ni sea mayor al esfuerzo per cápita de condonación de las naciones ricas. Para ello la condonación debe ser de un porcentaje mucho menor de las acreencias de los países en desarrollo en comparación con las naciones ricas.

Las crisis financieras de las naciones en desarrollo

Los flujos financieros de capital privado crecientes a los que antes me referí, han dado origen en condiciones de monedas sobrevaluadas en términos reales, de débil supervisión financiera y de bajas reservas internacionales a las crisis monetarias originadas en la huida de los capitales privados extranjeros. Por supuesto evitar esas circunstancias negativas es tarea de las naciones en desarrollo, pero también es un llamado a la reforma de la arquitectura financiera internacional. No se vislumbra aún la posibilidad de un verdadero prestamista de última instancia que venga a paliar los dolorosos efectos de desempleo, pobreza y frustración que dejan estas crisis, pero muchas han sido las críticas generadas a la actuación del FMI y otros intermediarios financieros internacionales en las recientes crisis de Asia, Rusia y América Latina. Basta aquí señalar la contribución de Joseph Stiglitz Globalization and its Discontents, así como las contribuciones del NBER en tres series de conferencias y presentadas en tres libros de Univerity of Chicago Press de este año editados respectivamente por Marin Feldstein, Sebastián Edwards y Jeffrey Frankel, y Michael Dooley y Jeffry Frankel denominados Economic and Finantial Crisis in Emerging Market Countries, Preventing Currency Crisis in Emerging Markets y Managing Currency Crisis in Emerging Markets.

Michael Hutchinson de la Universidad de California, santa Cruz en el NBER working paper 8305 evalúa el impacto de las crisis, y señala que disminuyen significativamente la tasa de crecimiento por dos años, y además bajan la tasa de crecimiento durante el período de los programas de estabilización del FMI. Todos tenemos evidencias del empobrecimiento bárbaro sufrido por Argentina en su presente crisis y larga reseción.

Sin duda la justicia social demanda en la globalización no sólo mejores políticas e instituciones de tipo de cambio, supervisión bancaria y manejos fiscales de los países en desarrollo, sino también una arquitectura financiera internacional que prevenga y mitigue estos considerables daños de los movimientos volátiles de capitales que magnifican las crisis internas en el contexto de sistemas financieros abiertos internacionalmente.

Pago por servicios ambientales

El último tema que me permito comentar de cambios institucionales y de políticas públicas internacionales para favorecer la justicia social en la globalización, tiene que ver con el campo ambiental.

Los países industrializados son los mayores consumidores de energía y los principales causantes de contaminación en términos por habitante. También han completado, en general, un fuerte proceso de destrucción de los bosques.

Por su parte, muchos de los países en desarrollo están en zonas tropicales que constituyen los principales pulmones boscosos del planeta.

La creación de verdaderos mercados para servicios ambientales donde los países en desarrollo puedan vender servicios de fijación de carbono y protección de la diversidad biológica de sus bosques para compensar y mitigar la contaminación industrial, serían verdaderos sistemas de transferencia de recursos para promover el desarrollo y disminuir la pobreza, si esos recursos se relacionan con programas de aumento de la producción, generación de empleo e inversión en capital humano. La puesta en vigencia del Protocolo de Kioto con adecuadas normas para incluir los servicios ambientales de los bosques tropicales así como una eficaz ejecución de la Convención de Cambio Climático con interpretaciones amplias que incluyan esta actividad dentro de los mecanismos de generación limpia ayudarían a los pobres de hoy y darían un trato justo a las necesidades ambientales de las futuras generaciones.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

La realidad que enfrentamos de la globalización nos ofrece oportunidades a países y personas para salir de la pobreza, pero ello requiere, además de complejas y múltiples acciones de esos actores, cambios en las políticas de las naciones industrializadas y los organismos internacionales en los campos del comercio, la asistencia al desarrollo, el manejo de la deuda externa, al arquitectura financiera internacional y las normativas ambientales. La serie de Cumbres Mundiales que arranca con la del Milenio y culmina con la de Johannesburgo y la nueva ronda comercial de Doha abren esperanzas a acuerdos mundiales para facilitar una globalización que lo sea también de la solidaridad y por ende sea más humana. Estoy seguro que la Fundación Konrad Adenauer estará presente con fuerza y dará significativos aportes en este nuevo período de creación de conceptos y acuerdos humanistas para promover la dignidad de todas las personas.

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