Reportajes internacionales

¿Dónde está la plata?

Los ingresos extraordinarios de la bonanza 2006-2013

Si hay una pregunta que despierta la más profunda ansiedad económica en los bolivianos es: ¿Dónde está la plata? Sobre todo cuando o visitamos Potosí y nos enfrentamos deslumbrados al Cerro Rico. Esa inmensa montaña de la que durante años se extrayó el mineral y que aun hoy guarda en sus entrañas una cantidad extraordinaria de minerales. ¿Dónde está la plata?, es la pregunta que sacude nuestros mitos más profundos y nuestros másgrandes temores.Vemos vestigios de la riqueza mineral en edificios e iglesias de Boliviapero el contraste con la pobreza obliga a preguntar ¿qué se hizo de esa riqueza?

Nuestra identidad como nación está marcada por esa suerte de trauma económico que significó

la inserción de Potosí en la economía colonial. Nos llenan de orgullo las imágenes de la riqueza

que albergaba y alberga ese maravilloso cerro (recordemos nomás el mito del puente de plata

que se habría podido construir con España), pero también nos lleva a una profunda depresión el

reconocer que no supimos aprovechar esa riqueza y que su extracción no es ajena a la situación

económica de carencias que ha caracterizado a Potosí desde entonces.

La primera explicación que tuvimos fue la de la expoliación colonial, y contra ella luchó el país para

ganar su independencia en 1825. Poco después, sin embargo, volvió a presentarse un ciclo favorable

de precios. Vivimos un nuevo auge de la plata desde 1870 hasta fines del siglo XIX, pero luego del

derroche volvimos a quedarnos con la pregunta: ¿dónde está la plata?

La visión empresarial de Patiño hizo que la olvidáramos en la primera mitad del siglo XX, cuando

volcó la mirada hacia un mineral que acompañaba un nuevo ciclo de industrialización en el

mundo: el estaño. Sin embargo, se repitió la historia. Brotaba riqueza mineral de la montaña de

Llallagua pero su impacto alrededor era limitado. Se creyó que el problema era que estaba en

manos privadas y se ensayó la estatización. La nacionalización de las minas fue propagandizada

como la “independencia económica” del país, lo que implicó recordar el mito fundacional pero, al

mismo tiempo, olvidar las frustraciones posteriores.

Y así como había sucedido antes, nos distrajo pronto el entusiasmo por otros recursos. El petróleo

era cada vez más utilizado y explotarlo podría asegurarnos un nuevo auge que, esta vez, no

dejaríamos pasar. El esperado auge llegó y dejó huella, sobre todo en el oriente. La clave fue

que, esta vez, sus habitantes lograron que una parte de esa riqueza fuera invertida localmente:

las regalías. En efecto, una parte de la renta fue destinada a financiar infraestructura y servicios

públicos a través de organismos locales estrechamente imbricados con las organizaciones de

la sociedad civil.

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Sobre esta serie

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