Notas de acontecimientos

Al que tiene, se le dará: ..Porque algunos países crecen económicamente y otros no

Desde los inicios de la humanidad hasta alrededor del año 1800 el nivel promedio del producto interior bruto de la mayoría de países se mantuvo en un nivel constantemente bajo. Como es posible, a parte de la revolución industrial, que desde entonces unos países permanezcan pobres y otros sean ricos? La búsqueda de respuestas a esta pregunta fue central para los participantes de la décima clase del diplomado economía política junto con su docente el economista Hernán Bonilla.

Desde que Adam Smith analizó en su clásico “Las riquezas de las naciones” por primera vez las condiciones para el crecimiento económico, muchos se han empeñado en cada vez más finas y elaboradas teorías buscando la fórmula mágica del crecimiento, explicó Bonilla. Los primeros estudios para Uruguay fueron fuertemente influenciados por el CEPAL en los inicios del siglo veinte. Todos las aproximaciones comparten la convicción básica, de que el crecimiento económico necesita tanto del ahorro como de la inversión. Las economías nacionales crecen por un lado cuando crece la cantidad disponible de los medios de producción de trabajo, capital y materias primas. Por otro lado es decisiva la combinación de estos tres factores, para avanzar tecnológicamente y producir con más eficiencia. En comparación con los países ricos, los países pobres crecerían más rápidamente pero sufrían también de recesiones más fuertes, afirmó el ecónomo. A quien tiene, se le dará más: si la tasa de crecimiento del producto interior bruto por ejemplo es de solo uno por ciento, llevará casi 70 años en duplicarlo. Con un crecimiento de siete por ciento, se logra la duplicación en solo diez años.

Pero los modelos de explicación del crecimiento, pasando por Montaigne o Max Weber, hoy en día enfocarían mucho más aspectos, así Bonilla. Daron Acemoglu por ejemplo describió en su bestseller “Por qué fracasan los países” de 2012 los países que crecen como políticamente y económicamente abiertos. Sistemas cerrados, como Corea del Norte, por el contrario experimentarían el receso de su economía y prosperidad. Lawrence Harrison observó durante una misión de paz en Haití la inmensa influencia del culto Voodoo en la economía local. La confianza en poderes superiores plasmaría la esperanza en una vida mejor mucho más que el propio empeño de trabajar personalmente para este fin. El panorama muestra entonces influencias económicas, institucionales, políticas y religioso-culturales al crecimiento de economías nacionales. Muchos de estos elementos crecidos a través de siglos se condensaron en los países en una cierta tendencia o actitud básica de como ver la economía. Un ejemplo sería la búsqueda de la vía más fácil o de creer fuertemente en el poder de la ley y de esperar el progreso desde allá, según Bonilla.

Mirando para Uruguay no queda otra que constatar que económicamente se ha quedado atrás durante los últimos cien años. Se solidificaron una tasa de crecimiento baja y bajos valores de producción mucho más que en países comparables. El problema de una economía cada vez peor transcendería las fronteras partidarias, describió el ecónomo. Mientras países comparables como Nueva Zelandia, Chile o Irlanda lograron un desarrollo impresionante, Uruguay se mantiene en un estado de mediocridad económica. Como economista, Bonilla destacó que las condiciones marco actualmente vigentes castigan el éxito y enfatizan demasiado fuertemente los mecanismos de distribución social. Ideas empresariales innovadoras e inversiones extranjeras son sofocadas y reformas necesarias en el día de hoy son postergadas a pasado mañana. Para un Uruguay económicamente fuerte en el futuro será decisivo el análisis y la implementación de los resultados de la interacción entre los aspectos culturales e institucionales del crecimiento económico, declaró Bonilla al final de la décima clase del diplomado en economía política del Uruguay.

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