Título individual

Un país, dos crisis: la desigualdad y el COVID-19 en Panamá

Impactos Económicos

Título Individual Impactos Económicos del COVID-19 en Panamá

“Un país, dos crisis: la desigualdad y el COVID-19 en Panamá”

 

Elpidio González 

Licenciado en economía por la Universidad de Panamá. Ha realizado investigaciones en el área de la economía agrícola y los mercados de trabajo. Actualmente estudia una Maestría en Economía Agraria en la Universidad de Buenos Aires.

Danilo Rivera

Economista, graduado de la Universidad de Panamá con Experiencia profesional de casi 4 años. Se desenvuelve elaborando estudios, investigando y hasta ha participado en la elaboración del Libro “Reglas Fiscales Resilientes en América Latina” y la Revista de Iniciación científica de la UTP “La importancia y los precios en la cadena de Producción de arroz durante el período 2001 – 2014”.

 

Durante el año pasado, especialmente en el segundo semestre, América Latina fue el epicentro de múltiples protestas y estallidos sociales sin precedentes en la historia reciente de países como Chile y Colombia. Una de las principales motivaciones para salir a las calles a manifestar el descontento acumulado por décadas fue, directa o indirectamente, un tema que cada vez se posiciona más en el centro del debate público: la desigualdad económica. Sin embargo, por más que se discuta acerca de esta problemática, las estadísticas sobre la desigualdad no trascienden: en la mayoría de los países de la región no han pasado de ser –en el imaginario popular– más que datos que se exponen bajo la égida de algún extremo político.

A esta receta de desigualdad económica y su negación, se sumó el inesperado y potente ingrediente pandémico que, dadas sus particulares características y las inusitadas reacciones de los gobiernos para contenerle, ha terminado desnudando estrepitosamente el espejismo en el que algunas personas seguían habitando. Los datos de desigualdad económica han dejado de ser simplemente estadísticas para expresarse como una realidad concreta que pone de manifiesto la estructura de cristal sobre la que reposan nuestras economías, y en la cual el bienestar de una parte considerable de la población está en juego.

Es ampliamente conocido que América Latina es la región del planeta con la mayor desigualdad en la distribución del ingreso. Según las estadísticas de la CEPAL, en nuestra región el quintil más pobre de la población percibe el 4.7% del ingreso, mientras que el más rico percibe el 51.6%. En otras palabras, un segmento de la población recibe 11 veces más ingreso que otra. Por medio de datos oficiales es posible demostrar cómo en medio de la pandemia, estar en uno de los dos extremos de la distribución del ingreso marca la diferencia entre la vida y la muerte.

En años recientes, la economía panameña tuvo uno de los desempeños más dinámicos del mundo, y se vio reflejado en el desarrollo de colosales proyectos de infraestructura y bajas tasas de desempleo en un período considerable, lo que, si bien favoreció a una parte de la población, no corrigió en mayor medida la enorme brecha entre los deciles extremos de la distribución del ingreso: según los datos más recientes de la CEPAL, Panamá es el segundo país de América Latina con una mayor brecha de ingresos entre el primer y el décimo decil. Aún bajo este panorama, se ha impulsado la narrativa de que los efectos de la pandemia “nos impactan a todos por igual”, que esta “no reconoce clases sociales”, o incluso que “el virus es democrático”. Lo cierto es que el planeta enfrenta una emergencia sanitaria que reproduce una crisis económica inédita cuya repercusión varía según el nivel de ingresos.

Sin lugar a dudas, la situación experimentada por el decil más pobre (1D) de Panamá, aquel que recibe el 1.1% del ingreso, no será la misma que la del decil más rico (10D), que obtiene el 37.3% del ingreso nacional. Pero esta brecha es aún más amplia si tomamos en consideración únicamente la distribución del ingreso laboral, cuya participación es de 0.6% y 36.7%, respectivamente.

Por medio de un análisis de la Encuesta de Hogares, podemos observar otros contrastes entre ambos extremos de la población, que sin lugar a duda determinarán el bienestar material de las personas durante y después de las actuales condiciones. En términos de desempleo, estimamos que un 9.4% de la Población Económicamente Activa (PEA) del decil más pobre no se encontraba vinculada al mercado laboral, en contraste con el 2.9% de la población más rica en situación de desempleo.

Si observamos el panorama de la educación, hallamos una diferencia abismal: tan solo el 3% de la PEA del 1D posee educación superior, frente al 60% del 10D. Esta divergencia académica es determinante para que los más desfavorecidos puedan desarrollar su trabajo desde el hogar, en especial cuando se ha comprobado la relación entre teletrabajo y nivel educativo (Mongey & Weinberg, 2020). Esto expone la participación en el empleo público y privado de los dos extremos de la sociedad: mientras que el sector público ocupa alrededor del 0.8% de la PEA del decil más pobre, en el decil más rico el 31.7% de la PEA está vinculada a dicho sector; respecto al sector privado, el 14.2% de la fuerza laboral del 1D se encuentra vinculada a este, una cifra ínfima si se compara con el 40.6% del 10D. Estas divergencias también se expresan en el nivel de ingresos: la mediana salarial mensual que estimamos para el primer decil es de $78.2 mensuales y de $2,222 para el décimo, es decir, 28 veces mayor en el caso de las personas más favorecidas. Estas cifras hacen referencia al ingreso laboral, y en el primer caso es necesario tomar en cuenta que probablemente –según las políticas económicas de focalización– un porcentaje importante de dicha población está cubierta por algún programa de transferencias monetarias condicionadas.

Desde la aparición del primer caso de coronavirus en Panamá el 9 de marzo, varias compañías decidieron implementar el teletrabajo. El 21 de marzo se decretó el cierre de comercios no esenciales y el 25 de marzo la cuarentena obligatoria ante la penetración del virus. Es decir, pasó una quincena entre la detección del primer caso y la implementación de las medidas de aislamiento obligatorio. Este dato cobra relevancia porque el 51.4% de la población más pobre del país trabaja por cuenta propia, y el 29.2% es un trabajador familiar; es decir, el 80% de la PEA de este segmento de la población se encuentra en una clara situación de vulnerabilidad laboral, frente al 14.1% de trabajadores del decil más rico que laboran en estas categorías, por obvios motivos, en mejores condiciones. En otros términos, el sustento de un gran porcentaje de la población de menores ingresos depende de ingresos eventuales.

Un artículo publicado recientemente por The New York Times analizó el desplazamiento físico de 15 millones de personas en distintas ciudades de Estados Unidos por medio de su smartphone, y se concluyó que las personas de mayores ingresos redujeron su movilidad tres días antes de la implementación de medidas de distanciamiento físico, mientras que en las personas de menores ingresos, la disminución en la movilidad se presentó tres días después; es decir, es evidencia empírica que permite comprobar que, además de beneficiarse de un mayor bienestar material durante la cuarentena, los hogares de mayores ingresos también tienen un nivel de exposición mucho menor al virus, ya que su situación les permite hacer una pausa en sus labores o llevar a cabo su trabajo de manera remota. Esta conclusión podría ser muy similar en Panamá si se toman en cuenta los datos expuestos anteriormente, ya que ante un mayor nivel de informalidad, los trabajadores del primer decil estuvieron más expuestos al virus con la intención de salvaguardar sus ingresos.

Esta pandemia, como mencionamos al inicio, no nos afecta de manera similar a todos; ni al personal asalariado que tiene el beneficio de trabajar desde su hogar, ni a quienes, por la pandemia, han dejado de percibir su sustento diario. Y por supuesto, tampoco a quienes ahora forman parte de la fuerza laboral esencial, cuyas probabilidades de contagio son mayores. El objetivo de abordar el tema de la desigualdad económica no es generar disputas internas en la sociedad, sino nutrir un debate que nos permita realizar los cambios estructurales que con justa razón reclama una parte importante de la población de América Latina.

 

Konrad-Adenauer-Stiftung e.V.

Programa Regional ‘’Alianzas para la Democracia y el Desarrollo con Latinoamérica (ADELA)’’

Albrook 16, Cl. Las Magnolias, Ancón

Ciudad de Panamá / PANAMÁ

 

 

Bibliografía

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (diciembre 2019). Banco de datos de Encuesta de Hogares. Estadísticas sociales.

Instituto Nacional de Estadística y Censo (Marzo 2020). Cuentas Nacionales. Consultado en:

https://www.inec.gob.pa/publicaciones/Default2.aspx?ID_CATEGORIA=4&ID_SUBCATEGORIA=26

Instituto Nacional de Estadística y Censo. Encuesta Continua de Hogares 2018.

Valentino-DeVries, J., Lu, D., & J.X. Dance, G. (3 de Abril de 2020). The New York Times. Obtenido de https://www.nytimes.com/interactive/2020/04/03/us/coronavirus-stay-home-rich-poor.html

Mongey, S., & Weinberg, A. (Marzo de 2020). Characteristics of workers in low work-from-home and high personal-proximity occupations. Becker Friedman Institute. Consultado en: https://bfi.uchicago.edu/wp-content/uploads

 

 

Compartir