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Pesos y contrapesos: el reto democrático del debate legislativo

Episodio 26

Este artículo forma parte del PODCAST POLITIKAS - Temporada 3. Una producción de la Fundación Konrad Adenauer, Oficina Costa Rica-Panamá. Los contenidos publicados expresan las opiniones de sus autores, autoras y personas entrevistadas, y no necesariamente reflejan la posición o visión de la Fundación Konrad Adenauer.

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  • La tensión política es propia de toda democracia. El problema aparece cuando la confrontación gana sobre los argumentos y la ciudadanía empieza a perder confianza en sus instituciones

 

Por: Cynthia Briceño Obando
Periodista – PolítiKAS

 

Nuestra Asamblea Legislativa es el espacio donde se tramitan leyes, se fiscaliza al poder, se negocian acuerdos, se expresan las diferencias políticas del país, y se materializa mucho de lo que entendemos como ejercicio de poder en democracia.

 

Pero en medio de esa función esencial surge una pregunta cada vez más vigente: ¿cómo preservar la tensión necesaria entre poderes sin que el debate pierda fondo y se convierta en espectáculo?

 

Límites, transparencia y  control de resultados

Hablar de pesos y contrapesos, explica  Edel Reales, politólogo y gerente del Departamento de Secretaría del Directorio de la Asamblea Legislativa de Costa Rica es hablar de límites. En un sistema democrático, ningún poder del Estado debe actuar sin controles. En el caso costarricense, la Asamblea Legislativa tiene la facultad constitucional de ejercer control político sobre los distintos órganos del Estado.

 

Ese control ya no se limita a revisar si una actuación fue correcta. Hoy también incorpora exigencias de probidad, transparencia, trazabilidad, rendición de cuentas y control de resultados.

 

Por su parte, Kattia Benavides, politóloga y analista del quehacer legislativo lo plantea desde una idea esencial: los pesos y contrapesos son mecanismos que impiden que una sola institución concentre el poder. Y cuando esos mecanismos se tensan, no necesariamente significa que la democracia esté en crisis. También puede significar que sus capacidades de control y equilibrio están siendo puestas a prueba.

“La incomodidad, en democracia, es saludable. El problema aparece cuando el debate deja de concentrarse en las ideas y se traslada al ataque personal”, asegura.

 

Del control político al show

Quienes observan la Asamblea Legislativa desde afuera muchas veces se quedan con la imagen más visible: el enfrentamiento, el tono elevado, la frase fuerte, el video que circula en redes sociales o la comparecencia convertida en espectáculo.

 

Esa exposición pública tiene valor. Permite observar, fiscalizar y acercarse al proceso político. Pero también ha cambiado el tono de la discusión.

Benavides advierte que cuando se pasa de debatir ideas a atacar personas, se pierde el fondo de la construcción política. La forma termina desplazando al contenido.

 

Reales agrega un punto clave: el control político exige preparación. “Un diputado o una diputada que estudia puede debatir con profundidad sobre un proyecto de ley, una visión de Estado o una investigación legislativa. Pero cuando falta estudio, el debate se empobrece y corre el riesgo de convertirse en ruido”, señala.

 

Benavides, por su parte suma que, en tiempos de redes sociales, esa tensión se vuelve todavía más visible. “La política se mira en vivo, se comenta al instante y se fragmenta en videos cortos. La ciudadanía juzga en tiempo real, y procesos que requieren estudio, deliberación y negociación terminan evaluados bajo la lógica de la inmediatez, en contraposición de los tiempos de política pública, construidos normalmente en el mediano o largo plazo”, explica.

 

Exigir mejor, simplificar menos

A modo de conclusión, ambos especialistas recordaron que, el equilibrio de poderes en democracia, no es un concepto, sino una práctica que se ejerce todos los días dando seguimiento a las decisiones públicas, comprendiendo cómo funcionan las instituciones y exigiendo respuestas.

 

Porque lo que ocurre en la Asamblea Legislativa no está lejos de la vida cotidiana. Ahí se toman decisiones que inciden en el empleo, el costo de vida, el transporte, la seguridad, los servicios públicos y los derechos.

 

Aun con sus tensiones, Costa Rica conserva una institucionalidad sólida. Pero esa fortaleza no debe darse por garantizada. Las instituciones necesitan modernizarse, adaptarse a los nuevos tiempos y recuperar confianza sin renunciar a los controles que sostienen la democracia.

 

La Asamblea Legislativa puede ser ruidosa, entramada y difícil de comprender. Pero también es el espacio donde se expresa la pluralidad política del país, donde los desacuerdos deben tramitarse y donde la democracia ocurre en vivo. Quizá por eso vale la pena mirarla con más atención y menos simplificación. No para dejar de exigirle, sino para exigirle mejor.

 

 

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