Notas de acontecimientos

El valor del saber para el progreso

de David Brähler

Diplomado CED KAS

El politólogo y docente Adolfo Garcé estuvo a cargo de la octava clase del Diplomado en Economía Política del Uruguay Contemporáneo. El experto profundizó sobre los asuntos del encuentro anterior: ¿Cómo pueden cooperar la política y la ciencia en una democracia moderna?

El profesor Garcé aseguró que la política uruguaya emplea muy pocas veces los conocimientos científicos. Citó el ejemplo de la reforma fiscal uruguaya del año 2005, cuando el gobierno formó un equipo de expertos para elaborar un primer proyecto. Los legisladores criticaron extremadamente la propuesta del gobierno y elaboraron un concepto de ley muy distinto. Garcé aseguró que esta cultura política sería inimaginable en otros países, por ejemplo en Chile, donde los políticos dejan plena libertad a los expertos.

Según Garcé, falta establecer un diálogo productivo y efectivo entre los partidos y las universidades. Hasta hoy no hubo muchos encuentros exitosos entre la academia y la política en la historia del país. Y, según el politólogo, ambas partes son responsables. El docente afirmó que la inteligencia de la democracia “depende de actores bien preparados”.

Historia

La primera fase de relaciones entre expertos y políticos en la historia uruguaya fue marcada por la exclusión mutua. Entre 1830 y 1875 los caudillos uruguayos y los intelectuales no dejaban de criticarse.

Entre los años 1875 y 1933 se inició una etapa de acercamiento. El Batllismo reconoció el valor de los aportes académicos de ingenieros, médicos y otros científicos, principalmente para garantizar el progreso nacional y la creación de nuevos institutos. El pragmatismo sustituyó el dogmatismo. Mientras tanto, el entusiasmo exuberante por tecnócratas casi eliminó la vida democrática en países como Chile, Brasil o México durante esos años.

En marzo de 1933 esta relación fructífera se rompió. El golpe de Estado del presidente Gabriel Terra enemistó a los dos partidos tradicionales, el Partido Nacional y el Parido Colorado. De nuevo se distanció la ciencia del terreno político.

En la década de 1960, expertos y políticos se volvieron a acercar por los incentivos económicos de la “Alliance for progress”. Este programa de fomento estadounidense y anticomunista fue iniciado por el presidente John F. Kennedy en el año 1961. Según el politólogo, esta instancia fue bien aprovechada por el Partido Nacional, que era gobernando en este tiempo. En cooperación con los EEUU y Cepal, Uruguay recibió subvenciones y técnicos.

El valor del saber público

Citando a los científicos John Campbell y Ove Pederson, Garcé presentó una matriz de distintas relaciones entre expertos y políticos. En algunos países la elaboración científica de proyectos de ley es terciarizada al mercado científico. En otros lugares, con una tradición estatal fuerte, se suele recurrir a ThinkTanks (laboratorios de pensamiento) financiados del Estado.

Concluyendo, Garcé habló sobre el manejo del saber público en Uruguay y el valor de conocimiento en la región. El politólogo consideró que la fuerza de la ciencia en la discusión pública puede repercutir directamente en la calidad de la democracia.

Según Garcé, la mayoría de democracias en Latinoamérica tienen características elitistas y tecnocráticas. Uruguay forma una excepción en la región. “La relación entre la ciencia y la política es muy pluralista y descentralizada. Cada uno echa su cuarto a espadas”, aseguró el politólogo.

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