Notas de acontecimientos

Las mejores y peores épocas del país

Con un grupo diverso en su integración, comenzó el Diplomado Economía Política del Uruguay Contemporáneo, resultado de la asociación entre la Fundación Konrad Adenauer y el Centro de Estudios para el Desarrollo. Así es cómo, estudiantes de alto rendimiento académico, abogados, periodistas, ejecutivos del ámbito bancario, parlamentarios y profesionales de otras áreas, dedicarán su atención y reflexión durante tres meses a enriquecerse y formarse en los aspectos más importantes de la economía nacional.

Hernán Bonilla, economista y director ejecutivo del CED, inauguró el dictado del primer encuentro, dando los lineamientos principales del curso, del que también participará el politólogo Adolfo Garcé. En sus palabras iniciales, Bonilla remarcó la importancia del estudio de la economía política para sacar enseñanzas de las medidas acertadas que posibilitaron ciclos de crecimiento y de las equivocadas que derivaron en crisis o recesiones.

Como ejemplo puntual se debatió con los participantes sobre las mejores y peores épocas del país y cómo las medidas tomadas colaboraron o no a la suerte nacional. Este debate se llevó adelante a la luz de gráficas y datos estadísticos que permitieron apreciar en una perspectiva histórica, a un Uruguay próspero y a la altura de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia -en relación a su PBI- hacia finales del siglo XIX.

Fue muy importante el intercambio que se generó con respecto a la coyuntura actual: no faltaron los comentarios y opiniones referidos a los problemas con la inflación, las medidas del gobierno tendientes al control de precio, la enorme problemática del déficit fiscal y de cómo sortear estos desafíos que son decisivos para el presente y futuro del país.

Sobre la mesa se abordaron las previsiones realizadas por los gobernantes con respecto al crecimiento del PBI y cómo éstas no se han cumplido. Bonilla afirmó que las expectativas actuales ubican al crecimiento de Uruguay en un magro 1% y que colocan al país al borde de la recesión luego de 10 años con crecimiento constante en el entorno del 5%.

Con preocupación, participantes y docente, comentaron sobre el impacto que esta situación genera en la economía real como en el mercado del trabajo, en los ingresos de los uruguayos, y en la contracción de las inversiones.

En opinión de Bonilla y respaldado por alguno de los presentes que se desempeñan en el ámbito de la banca privada, Uruguay ya está inmerso en un contexto de estancamiento dado el modo de cálculo de la variación anual de crecimiento de 2015 y el efecto arrastre que se trae del año anterior. El impacto sobre las finanzas públicas también es negativo, dando por sentado que el Estado recaudará menos y esto repercutirá en el déficit fiscal, en mayor inflación y mayor endeudamiento. Todo esto sumado a los problemas de competitividad e inserción internacional.

Se vaticinó que si el gobierno no toma medidas revisando su plan de aumento del gasto público, las dificultades fiscales pueden llevar a una pérdida de credibilidad e incertidumbre, ubicando al país en un escenario muy complicado y con riesgos de perder el tan preciado grado inversor, que como sabemos es un elemento tan importante para captar el flujo de capitales y además para tomar deuda a tasas menores.

Todos los presentes coincidieron en que este supuesto hay que evitarlo a toda costa.

La única manera para impulsar el crecimiento es la inversión en capital físico y humano. Lamentablemente el capital humano está fuertemente deteriorado como consecuencia de la profunda crisis educativa que vive el país y por otro lado, a pesar del aumento del gasto en los últimos 10 años, no ha habido inversión en infraestructura. Estos dos factores generan un cuello de botella que dificulta cualquier intento de crecimiento.

No obstante, el mensaje final de la clase fue esperanzador ya que si bien es de esperar un escenario de estancamiento con inflación para lo que resta del 2016, Uruguay puede sortear estas dificultades desenvolviendo adecuadas políticas en el ámbito de su inserción internacional, poniendo especial énfasis en la firma de tratados y convenios comerciales que permitan una reactivación por demanda del comercio exterior. Necesariamente el país tendrá que tomar esta senda para poder evitar un escenario aún peor.

Con estas consideraciones, los organizadores quedamos muy conformes con el primer encuentro del diplomado, con la satisfacción de lograr nuestros cometidos ampliando los espacios de formación y de diálogo, ejercicio tan importante para poner a Uruguay y América Latina en las sendas de la Libertad y el Desarrollo.

Pablo Viana

Director de Programas CED

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