Notas de acontecimientos

Democracias latinoamericanas :: Más fuertes y más débiles como nunca

de David Brähler
De la boca de los niños sale la verdad. Este dicho se comprueba nuevamente en el caso de dibujos infantiles de Chile, donde niños viviendo en el vecindario con el centro de gobierno democrático de su país expresan inconscientemente en papel el estado de su sociedad: violencia, pobreza y criminalidad de bandas. Con esta mirada a través de la lupa el politólogo chileno Juan Pablo Luna abrió la reunión con representantes de su materia con el objetivo de realizar una mirada entre bastidores de las democracias latinoamericanas.

Superficialmente, el resumen del desarrollo estatal de la mayoría de los países es muy positivo. Desde los años 90, países como Perú o Paraguay vivieron una revolución tecnocrática de sus instituciones públicas por el aumento de personal calificado. En el curso de un crecimiento económico continuo se ampliaron y profesionalizaron las estructuras del poder ejecutivo. Pero debajo de la superficie se abren precipicios profundos como Luna, quien es también docente en los Estados Unidos, ilustró con una serie de ejemplos.

En Brasil por ejemplo, miles de jóvenes pobres acuerdan a través de Facebook para encontrarse en los centros comerciales de lujo de la clase alta brasileira. Como ésta se siente molesta, presiona al Estado – que había posibilitado una vida mejor para estos jóvenes y sus familias a través de apoyos financieros, y despertado de esta manera expectativas consumistas – de tratar a estos jóvenes como criminales y expulsarlos de los centros comerciales.

Perú sigue siendo el mayor productor de la hoja de coca del continente. La guerrilla, antiguamente política, presta sus servicios actualmente a las bandas de traficantes, protegiendo jóvenes universitarios que transportan la droga a otras capitales o puertos. Perú y Chile sufren de igual forma de sindicatos corruptos conocidos como la mafia de la construcción. Únicamente a través de ella se puede acceder a materiales de construcción y si alguien construye sin su aprobación esto podría provocar que se mande a derrumbar la construcción de inmediato, según el politólogo.

La frontera entre Bolivia y Pero experimenta diariamente el fenómeno de “la culebra”: una cadena de vehículos robados de los ricos países del Cono Sur. Desde que policías que intentaron parar el contrabando fueron golpeados e incluso asesinados por los residentes a lo largo de la ruta y beneficiarios del tráfico, el Estado perdió el control.

La mirada entre bastidores de los estados democráticos más al sur no revela una situación más positiva, según Luna. En Paraguay, un país solamente cartografiado en un 65%, gobierna el extremadamente corrupto Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT). Terratenientes locales y mafioso venden cantidades de terrenos sin registro estatal a extranjeros. Cada problema con las autoridades públicas se puede solucionar con sobornos, como mostró la investigación encubierta de Luna y su equipo. En paralelo con el boom de la soja desde 1974, Paraguay vive también el boom de la marihuana. El dinero de esta inmensa fuente de ingresos repercute en un aumento drástico de actividades ilegales en la región entre los tres países Paraguay, Brasil y Argentina.

El ejemplo más alarmante de esta dinámica del lado argentino es la ciudad de Rosario que se transformó en diez años de una ciudad modelo a una de las más violentas del continente, como explicó Luna. Como hub migratorio y geopolítico se ve dominada hoy por el narcotráfico y la criminalidad organizada, lo que se resulta en muchos asesinatos y complicidad de la policía local con la criminalidad.

La composición de este mosaico muestra que América Latina por un lado tiene democracias más capaces y desarrolladas que hace 20 años, pero que por el otro lado esas están siendo desafiadas por el crimen organizado como nunca antes. Específicamente la formación de regímenes autoritarios y locales que gobiernen regiones enteras es un indicador alarmante, dijo Luna. El entrelazamiento de mercados legales e ilegales y la cantidad de políticos comprados revela una democracia llena de violencia y corrupción detrás de una fachada que se desmorona. El Estado aparece muchas veces justo como un instrumento que se utiliza para fortificar y desarrollar las estructuras ilegales. En sociedades que presentan una división entre pobres y ricos extrema es difícil el entendimiento y casi imposible la construcción de políticas consensuadas que representen diferentes intereses.

Según el resumen de Luna, la ciencia política tiene la tarea de replantearse los temas del Estado y de la representación política. Una problematización más profunda del tejido social, ciudadano y político es necesaria. Para enfrentar efectivamente las estructuras corruptas son necesarias la descentralización, la transparencia y la alternancia política. En general debería quedar claro a todos los involucrados que frente a un tema tan complejo muchas preguntas permanecen todavía abiertas y no tendrán respuestas fáciles.

Compartir