Notas de acontecimientos

Sistema de Partidos uruguayo :: Rasgos centrales y evolución histórica

„Uruguay no se entiende sin la historia de sus partidos políticos”. Con esta afirmación comenzó el Prof. Adolfo Garcé de la Universidad de la República su disertación en el marco del diplomado sobre Economía política del Uruguay contemporáneo. Se trata de un proyecto realizado por el programa Uruguay en cooperación con el Centro de Estudio para el Desarrollo. Después de varias clases dedicadas a la historia económica del país el segundo bloque se centra en la evolución de los partidos políticos desde la creación del Estado hasta la actualidad.

“Los partidos políticos son previos a la creación del Estado Uruguayo” es la tesis central de Garcé que explica que las identidades políticas son previas a la nacional y que subyacen actualmente. Todavía hoy la opinión pública trata de “desenmascarar” al blanco, colorado o frentista detrás del analista político de la misma forma que lo hace con los comentaristas deportivos.

Uruguay tiene partidos están entre los más antiguos del mundo. Y a través de ellos que se entiende la historia del país e incluso parte de los escenarios actuales. “No se puede concebir al Uruguay del siglo XXI sin entender al Uruguay del siglo XIX”, afirma Garcé. El siglo XIX da muestras del valor de los caudillos, esas figuras que nacen con las divisas incluso antes de concebirse al Uruguay como país y como nación. El fuerte arraigo entre la gente, su sensibilidad y cercanía, eso de sentirse uno más entre el pueblo es una característica que recorre transversalmente la historia política uruguaya. Esta política ha sido forjada por caudillos en acción y esa es una peculiaridad que le otorga longevidad a los partidos, haciéndolos sobrevivir a los siglos y continuar vigentes.

En todos los momentos históricos los líderes de las divisas intentaron construir hegemonías, pero éstas siempre se vieron limitadas, primero por la tensión presente entre Blancos y Colorados y luego por el enfrentamiento entre caudillos e intelectuales –los “doctores”-.

Esta característica, que permanecen en la actualidad, permitió al país distribuir el poder político de manera equilibrada y lo convirtió en una excepción dentro del elenco latinoamericano donde la moneda corriente ha sido la concentración del poder.

La vocación de diálogo entre los “distintos” que ha servido como base de nuestra sociedad fue la opción que tomaron en 1853 los Blancos y Colorados luego de la Guerra Grande, dando origen a lo que se conoce como “Política de Pactos” y a lo que luego se le sumará el concepto de “coparticipación” al final de la Revolución de las Lanzas de 1872.

El aprendizaje y maduración entre ambas fuerzas políticas sentaron las bases de la distribución del poder y la estabilidad política de la que ha gozado nuestro país y que al decir de Aristóteles en su obra “La Política” es tan necesaria para alcanzar la paz y el perfeccionamiento de las virtudes morales de toda la sociedad.

La centralidad de los partidos en la vida del Uruguay es otro aspecto importante de su historia, siendo éstos precedentes a la noción de Estado-Nación y remontándose las divisas a los albores de la Independencia. El pueblo oriental posee desde entonces una lealtad partidaria que lo identifica y muestra de esto se da al constatar, en cómo los partidos políticos forman parte intrínseca en la historia de la prensa, del fútbol, de los sindicatos y de las cámaras empresariales uruguayas.

Nuestro Uruguay considerado como Democracia Plena es fruto de una estabilidad política madurada en su misma historia, encontrando su origen en grandes enfrentamientos durante el siglo XIX y que dieron lugar a la Democracia de Consenso. En el siglo XXI, el país tiene el desafío de construir mejores estándares en su democracia, trabajar por mayores consensos en políticas de largo plazo y construir puentes sobre los grandes temas que le conciernen a toda la sociedad. En un contexto latinoamericano que ha sido adverso a los regímenes democráticos, los uruguayos deben agradecer a quienes les precedieron por sentar las bases de un sistema profundamente democrático y garante de los preceptos constitucionales. Sobre estos cimientos el uruguayo de hoy, blanco, colorado, frenteamplista o de otra denominación política deberá trabajar desde su conciencia cívica por cuidar lo heredado y fortalecer las garantías del preciado tesoro de la Libertad y que irá cediendo a las siguientes generaciones sin olvidar de fomentarlo con solidaria amistad a los demás pueblos hermanos.

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