Notas de acontecimientos

Saber es (sin) poder :: Política y ciencia en la historia de Uruguay

de David Brähler
¿De qué sirve mucho conocimiento si el poder de poner en práctica las buenas ideas está en manos de otros? Con esta chispa Adolfo Garcé, politólogo uruguayo, invitó a los participantes del sexto encuentro del diplomado sobre economía política a mirar más profundamente la tensión entre ciencia y política en la historia del Uruguay.

Garcé divide la relación entre intelectuales y la política en cuatro etapas históricas. Entre los años 1830 y 1875 dominó una ignorancia mutua. La antipatía de la política caudillista frente a las inquietudes críticas de la ciencia llevó en 1875 incluso a exiliar el grupo de los “doctores” en barco hacia la Habana. Esta primera “generación crítica” debía aprender todavía cómo influenciar positivamente a la democracia, constató Garcé.

El clima frío entre ambos grupos desheló una segunda etapa entre 1875 y 1933 y se convirtió en una cooperación. Muchos de los involucrados se dieron cuenta de la importancia de un buen equilibrio del fundamento teórico y de la gestión práctica en la política. La percepción e integración de diferentes corrientes intelectuales produjo en estos años una estable paz interna en Uruguay. Para ambas partes significaba desmontar prejuicios y buscar el diálogo honesto.

Con el golpe de estado de Gabriel Terra en 1933 se destruyó de una vez la confianza que había crecido cuidadosamente. Intelectuales y científicos se retiraron decepcionados de la política y de los partidos. En 1945 se abrió un nuevo canal de comunicación para toda una generación de académicos a través de la revista “Marcha”. A partir de este momento presentaron sin cesar sus críticas por la falta de contenidos, estructuras y visiones a largo plazo a los políticos de su tiempo. Su crítica fue exitosa. A partir de los años 60 a la altura de los debates ideológicos-izquierdistas muchos de sus propuestas entraron en las directrices políticas.

Un proyecto faro de la cooperación renovada fue la comisión de inversión y desarrollo económico fundada en 1960, explicó Garcé. En general, se puede constatar que la influencia de la investigación a la política funciona de manera indirecta y mediada al estilo iluminación. El diálogo entre expertos y políticos nunca fue fácil durante toda la historia y también hoy está caracterizado por tensiones y conflictos. El proyecto exitoso del CIDE había demostrado, como estructuras administrativas, ideologías partidarias y la investigación pueden cooperar al éxito político. Las heridas sanadas entre política y ciencia en esta época se convirtieron en una cuarta etapa a una cooperación tecnócrata. En esta etapa la mayoría de los académicos egresaron de partidos uruguayos de izquierda y entraron al servicio público.

El desarrollo del Uruguay del futuro depende claramente de expertos formados, que asesoren la política, afirmó el politólogo. Garcé presentó un estudio, que demuestra la proveniencia académica y política de los expertos en las últimas décadas. Según su opinión faltan estructuras de una transferencia continua de conocimientos hacia la política. No obstante el buen desarrollo de la democracia de Uruguay en el pasado, hoy en día sería necesario por ejemplo un servicio científico permanente para asesorar los políticos en sus decisiones. La forma del mismo puede ser muy distinta como Garcé demostró concluyendo el encuentro en una comparación de estados Europeos. El enfrentamiento a la falta de acceso a buenas informaciones y los más nuevos conocimientos es una tarea clara para la política uruguaya, para poder seguir desarrollando la democracia.

David Brähler

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