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En bicicleta llegaremos más rápido

de Giovanni Burga

BiciEKLA de Acción Climática para América Latina y el Caribe

¿Qué es la movilidad activa?

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Recientemente, la ONU proclamó como  un derecho humano vivir en  un ambiente limpio, saludable y sostenible, esto a propósito de la “triple crisis planetaria” (término catalogado por Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA) las cuales son: (1) El cambio climático, (2) La de la pérdida de naturaleza y biodiversidad y (3) La contaminación y los residuos. La proclama que hace la ONU es una voz que busca interpelar con urgencia para afrontar esta situación y pensar e implementar múltiples acciones que aborden estas crisis desde distintas aristas complementarias entre ellas en pos de un mismo objetivo: sostener el futuro y bienestar de la humanidad.

Dentro del mix de agentes emisores de GEI, el transporte urbano destaca entre los principales, en América Latina con un 35 % del total de sus emisiones y con las más altas tendencias al crecimiento debido al aumento del parque automotor privado (de combustión, principalmente) y de contaminación del aire (también auditiva, dependiendo del lugar y la hora), considerado por la OPS como “el principal riesgo ambiental para la salud pública en las Américas” con múltiples efectos en las personas de todas las edades, sobre todo las que viven en zonas céntricas con poco acceso a espacios públicos espaciosos y “verdes”. Por ello, el incremento de la movilidad activa emerge como una estrategia de alto impacto, bajo costo y de doble efecto al reducir la emisión de gases de efecto invernadero y de gases nocivos para la salud.

Pero, ¿qué es la movilidad activa?

La movilidad activa se refiere a todas las formas de desplazamiento donde el uso del cuerpo humano funcione como principal “motor”, como la bicicleta, los patines, patinetas y, por su puesto, caminar. Reducir el uso de vehículos motorizados en las ciudades tiene un impacto positivo tanto para el clima como para la salud. Descarbonizar el sector trasporte debe ir más allá de la movilidad eléctrica porque ambos determinan un ineficiente uso de espacio público/habitante, con el consecuente tráfico o atolladeros y el consumo de energía en esas largas esperas entre semáforos.

Por ello, hacia donde debe apuntar los planes de sostenibilidad en las ciudades es a incrementar la movilidad activa, lo que generaría mejores usos del espacio público, además de los beneficios a la salud física tan importantes por los altos índices de sedentarismo y obesidad en América Latina. Según la OMS el 84 % de los adolescentes en América Latina no realiza suficiente actividad física y la UNICEF advierte que 3 de cada 10 niños y niñas menores de 10 años tienen obesidad. Practicar la solidaridad intergeneracional (valor acuñado para impulsar la narrativa frente al cambio climático), también es preocuparse por estas cifras y trabajar para revertirlas porque el futuro es el mismo.

La bicicleta: Insignia de la movilidad activa

Imaginemos esta escena: tenemos una reunión urgente ni tan cerca ni tan lejos de nuestra casa (digamos 4 km), encendemos el google maps y nos aparece un mapa surcado por líneas rojas, nuestro destino sería una lenta procesión de vehículos y sabemos que no llegaremos a tiempo. Caminar es una opción, pero llegaríamos tarde, entonces volteamos la vista y la vemos, estacionada y erguida, sus 2 ruedas y marcas de uso: nuestra bicicleta. Vamos hacia ella, revisamos las ruedas (¿están infladas?), probamos los frenos (¿están ajustados?), graduamos el asiento y salimos. Respiración honda, vista en el horizonte y fuerza en las piernas. Llegamos a tiempo.

Esta puede ser una escena que muchos hemos vivido en nuestras ciudades o que muchos experimentamos en nuestro día a día. La bicicleta ha dejado de ser solo un medio de transporte recreativo para transformarse en una forma habitual de movilizarse al interior de las ciudades: rápida, saludable y, sobre todo, sostenible. Por eso impulsar y masificar su uso es necesario.

Cuando hablamos de impulsar la movilidad activa y sostenible se debe comenzar desde la infraestructura y el ambiente, esa sumatoria es la que crea o desincentiva al usuario. Crear ciclovías interconectadas que recuperen espacio en el asfalto, sin reducir las aceras (recordemos que el peatón es la cúspide de la movilidad sostenible), sumado a campañas de incentivos (cierre de avenidas o préstamos de bicicletas), campañas de educación vial, incentivos laborales (días libres, flexibilidad en el ingreso), etc., ayudan a difundir el uso de este práctico y saludable medio de transporte. Si bien en menor o mayor medida se han realizado estas acciones en América Latina, en parte impulsado por la medidas de distanciamiento social por el COVID-19, aún hay mucho por pedalear porque la brecha en infraestructura es amplia y el ambiente aún está enrarecido porque a la mala integración de ciclovías y las confusas señalizaciones, se suman problemas sociales como robos, acoso sexual, deficiente educación vial de choferes e incluso paradigmas culturales, dado que el uso de vehículos particulares tiene una fuerte carga aspiracional (status social), algo que la narrativa de sostenibilidad aún no ha podido minar.

Si bien en el último informe del IPCC menciona que la “ventana de oportunidad” frente al cambio climático se está cerrando, siendo optimistas y realistas ( en ese orden), aún es posible transitar por ella… pero a dos ruedas. Dentro de las múltiples medidas y recomendaciones que brinda el IPCC, la bicicleta tiene un lugar especial al ser una estrategia que es sencilla en su aplicación, barata en su implementación y significar un importante impacto en la huella de carbono individual de las personas, además de los beneficios a la salud mental, física y a la reducción de la contaminación del aire.

Las ciudades del futuro (cada vez más presente) deben adaptarse a los cambios inminentes y mitigar las causas de los mismos para crear sociedades sostenibles, justas y democráticas. Los objetivos pueden estar cuesta arriba, con obstáculos, intereses en contra y sucesos inesperados que desvían nuestra ruta. Sin embargo, el camino de la humanidad es de desafíos, un pie después del otro salimos de las cavernas, fundamos civilizaciones y ahora exploramos el espacio. Andando juntos podemos llegar a todos lados, y si vamos en bicicleta ¡lo haremos más rápido!

Entonces, revisa las ruedas, prueba los frenos, gradúa el asiento, ponte el casco, respira hondo y acompáñanos a recorrer Latinoamérica incentivando la acción climática junto a la BiciEKLA. ¡Vamos a pedalear junt@s!

Mira el video y conoce más sobre la BiciEKLA de Acción Climática para América Latina y el Caribe: https://youtu.be/veXxO1iMBw0

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