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Acuerdo UE-Mercosur: desde el Atlántico, un "puente hacia el Sur"

de Annette Schwarzbauer, Johannes Hügel
El nuevo tratado da acceso a un gran y novedoso mercado de consumo, a la vez que implica la necesidad de reformas con vistas a una mayor competitividad y al cumplimiento de normas laborales y medioambientales acordadas

Durante mucho tiempo nada y, de pronto, todos parecían tener prisa: veinte años después del comienzo de las negociaciones, a tiempo para la reunión del G20 de este año y unas semanas antes del final de la "Comisión Juncker", el 28 de junio pasado los negociadores -tres comisionados de la UE y cuatro ministros sudamericanos- tocaron techo en Bruselas: el acuerdo sobre un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y la alianza comercial Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).

Comercio libre en vez de proteccionismo

Que la seca materia de un acuerdo de libre comercio también pueda deparar emociones, lo demostró el posterior mensaje de voz de Faurie, ministro de relaciones exteriores de Argentina, al presidente Macri, quien se encontraba en la cumbre del G20 en Japón. Faurie transmitió la feliz noticia entre lágrimas y expresiones de alegría. Más allá de la emotividad argentina, es también una señal de la importancia que el acuerdo comercial tiene para Argentina y, especialmente, para el presidente Macri, quien en octubre de 2019 presentará su reelección y cuyo proyecto de reforma en Argentina necesitaba un éxito urgente.

El tratado de libre comercio es parte de un acuerdo de asociación más amplio que, además de la sección comercial, también comprende una sección política y otra de cooperación, el cual se está negociando actualmente entre los dos bloques. Para la Unión Europea, este tratado de libre comercio es sólo uno de una serie de varios tratados que han venido celebrando en los últimos años. No obstante, es el más grande en términos de la población que comparte el área comercial común -773 millones de habitantes-, así como en lo referente al ahorro arancelario que esperan obtener las empresas europeas -se habla aquí de más de 4 mil millones de euros-. Con estas cifras, el acuerdo supera los tratados que la UE tiene con Japón y Canadá. Para Mercosur, el acuerdo comercial es el primero que se alcanza con un bloque y, por mucho, el más completo. Los mercados tradicionalmente cerrados de los cuatro países miembros, sobre todo los de Brasil y Argentina con sus actuales gobiernos orientados hacia el libre comercio, están dando así un paso significativo en la política comercial.

Aparte de su importancia en el ámbito de la política comercial, el tratado es un signo (geo)político y, acaso por ello, su acuerdo se logró justo antes de la cumbre del G20, en la que Argentina, Brasil y la UE, pero también los principales competidores de la política comercial, Estados Unidos y China, estaban representados. Es así que en un foro multilateral importante fue posible enviar una señal clara a las dos potencias globales proteccionistas que operan a partir de aranceles punitivos. La crisis en el crecimiento económico global y los enfrentamientos entre Estados Unidos y China, pueden haber movilizado aún más a los aliados de Mercosur y la UE a firmar, finalmente, dicho acuerdo. A las frases con frecuencia  utilizadas que hablan de  “relaciones históricas” y “valores comunes entre ambas regiones” les han seguido, de nueva cuenta, hechos concretos. Cornelia Schmidt-Liermann, presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Argentina, describió el acuerdo como un "puente transatlántico". Desde una perspectiva europea, al “Puente Norte” se le ha sumado ahora un "Puente hacia el Sur".

A la vista del aislamiento de EE.UU. y de la creciente participación de China en la región latinoamericana, la UE tenía un interés adicional de alcanzar el acuerdo, el cual le procurará ventajas en el acceso a un mercado densamente poblado. China es, en la actualidad, el socio comercial más fuerte del Mercosur, con la UE en segundo lugar. Una ventaja mercantil adicional  para la UE consistirá en ser la primera región con la cual Mercosur entabla un acuerdo comercial.

Para los países del Mercosur, abrirse a este mercado representa un paso extraordinario y un desafío especial. Hasta ahora, sólo existían acuerdos con Egipto, Israel y los territorios palestinos. El nuevo tratado da acceso a un gran y novedoso mercado de consumo, a la vez que implica, también, la necesidad de reformas con vistas a una mayor competitividad y al cumplimiento de normas laborales y medioambientales acordadas.

Todavía para el 2015 el 22% de las exportaciones del Mercosur iban dirigidas a la UE, alrededor del 16% a China (a principios de la década de 2000 apenas comprendían el 2%, lo que implica un aumento significativo en unos cuantos años) y un 10% a los Estados Unidos (a principios del 2000 se trataba de un 27%). En 2017, China superó a la Unión Europea como el principal socio comercial del Mercosur: China ocupa el primer lugar con casi el 22 del 100% del comercio mundial, le sigue la UE con el 20% y los Estados Unidos con el 15%. 60.000 empresas europeas operan en los países del Mercosur.

Fundamentalmente el Mercosur exporta productos agrícolas y materias primas a los países de la UE, mientras que la UE exporta, a su vez, maquinaria y productos procesados a la zona comercial de América del Sur. Es así que el acuerdo es particularmente interesante para la industria automotriz y la industria química. A primera vista, esto puede parecer una ampliación ventajosa, pero las dificultades que entrañaron las larguísimas negociaciones estuvieron fundadas en cuestiones particulares. Los agricultores europeos temen la competencia en el sector agrario (especialmente en lo concerniente a la carne vacuna), mientras que la industria automotriz del Mercosur también está preocupada por la competencia de la UE. Las cuestiones particulares podrían resolverse con cuotas y períodos de transición, pero los detalles finales aún penden del aire.

Crítica y respuestas

En Europa las críticas provinieron, sobre todo, de Irlanda y de Francia, países con una intensa producción agrícola y, en menor grado, de organizaciones medioambientales que ven el acuerdo como un incentivo indirecto a favor de una mayor deforestación de la selva amazónica de Brasil, temiendo violaciones de las regulaciones ambientales. Los observadores en Bruselas enfatizan que los puntos críticos han sido tomados en consideración y que existen respuestas. Con respecto a las importaciones de carne, es significativo que la cantidad acordada de 90,000 toneladas no se destine a un único país de la UE, sino que se deba exportar a diferentes países. Con toda seguridad, en el futuro la cuestión de las importaciones en el sector agrario no será sencilla de abordar en el ámbito general de la UE, si se piensa en la cuestión del acceso para los países africanos.

La ministra holandesa de comercio, Sigrid Kaag, respondió a los críticos medioambientales que precisamente a través del acuerdo se promueve el cumplimiento de las normas en los países del Mercosur. Se puede ver como un éxito el que el presidente brasileño Bolsonaro -quien durante su campaña electoral anunció que se retiraría del Acuerdo de París-, reafirmara, en el marco del acuerdo UE- Mercosur, que Brasil mantendría sus obligaciones emanadas del Acuerdo Climático.

Como parte del tratado UE- Mercosur se establecerán los más altos estándares de sostenibilidad de la UE, al igual y como sucedió en otros capítulos de los acuerdos modernos, véanse como ejemplo los de Japón y México. Es por ello que como base de las negociaciones está el que el libre comercio no tenga lugar a expensas de las condiciones ambientales o laborales. El acuerdo compromete explícitamente a los Estados miembros de la UE y del Mercosur a la implementación del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Brasil se ha comprometido, además, a contrarrestar la deforestación progresiva.

En un capítulo específico sobre desarrollo sostenible se abordarán temas como la gestión sostenible y la conservación de los bosques, el respeto de los derechos de los trabajadores y la promoción de un espíritu empresarial responsable. El acuerdo también otorgará a las organizaciones de la sociedad civil un papel activo en el monitoreo de la implementación del mismo, incluidas todas las preocupaciones ambientales. Servirá, además, como foro inédito para una cooperación más estrecha en el ámbito de una agricultura más sostenible y como parte del diálogo político en el marco del Acuerdo de Asociación, para promover los derechos de las comunidades indígenas.

Ambas partes han acordado cumplir con los acuerdos ambientales multilaterales ya firmados, como el Convenio de Washington, y trabajar juntos en su implementación. También se acordó un compromiso explícito para combatir la deforestación. Un capítulo del Acuerdo sobre Comercio y Desarrollo Sostenible incluye compromisos para la gestión sostenible de los bosques. Las iniciativas relevantes para la agricultura sostenible, incluidas las acciones del sector privado europeo destinadas a garantizar cadenas de suministro libres de deforestación, están protegidas explícitamente. En el acuerdo también se mencionan varias áreas de cooperación común, donde el comercio apoye la agenda de sostenibilidad.

Los pasos siguientes

El texto del acuerdo comercial, tradicionalmente la parte más difícil de un Acuerdo de Asociación, se enviará - después de ultimar los detalles finales -, como paso siguiente, al Parlamento de la UE y a los parlamentos de los países del Mercosur para su ratificación. La totalidad del Acuerdo de Asociación requiere también la ratificación de todos los parlamentos de los Estados miembros de la UE, un proceso que puede llevar años. Sin embargo, en lo que respecta a la sección comercial, basta con la ratificación por parte del Parlamento de la UE. Por lo tanto, es concebible que la sección comercial pueda entrar en vigor para 2021. Con el acuerdo alcanzado a finales de junio, las partes involucradas enviaron una clara señal de que querían un tratado y preferirían su entrada en vigor lo antes posible. Por parte del Mercosur, los gobiernos de Brasil y Argentina en particular, están muy interesados ​​en lograr una conclusión exitosa.

En la actualidad, los observadores ven el mayor desafío al proceso de ratificación en el congreso argentino, ya que el acuerdo debería ser aprobado, de ser posible, antes de las elecciones presidenciales argentinas, en octubre de 2019. La victoria del candidato presidencial Alberto Fernández, quien se presenta a las elecciones con la ex presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner -conocida por sus políticas aislacionistas- como su vicepresidenta, dificultarían con toda probabilidad la ratificación. Del lado de la UE, la ratificación de Francia e Irlanda probablemente implique un desafío, si bien se han encontrado soluciones a las críticas hechas especialmente por estos dos países. Ahora se les ha pedido a los negociadores que concluyan el texto final del acuerdo de ratificación para que se puedan colocar las últimas piedras del “Puente hacia el Sur”.

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