La alianza oficialista (MORENA-PT-PVEM), llegaba a la elección con la ambición de ganar todas las posiciones en disputa, lo que es prácticamente imposible en cualquier democracia plural. Por su lado, la alianza opositora (PAN-PRI-PRD) buscaba quitarle la mayoría absoluta a MORENA en la Cámara de Diputados, y ganar la mayoría de las gubernaturas en cuestión; ninguna de las dos logró ese objetivo máximo. En cambio, cada opción electoral obtuvo importantes victorias, y sufrió considerables derrotas.
La alianza opositora incrementó considerablemente su cantidad de curules en la Cámara Federal, logrando entre 181 y 213 diputados aproximadamente (tomando los estimados del INE), mientras que la alianza que apoya al presidente López Obrador obtiene entre 256 y 298 diputados aproximadamente, manteniendo la mayoría absoluta, que permite aprobar el presupuesto federal, pero quedando lejos de la mayoría calificada, que permitía al presidente aprobar reformas a la Constitución, obligándolo a buscar alianzas en el legislativo. Cabe mencionar que Movimiento Ciudadano, sin pertenecer a ninguna coalición, obtuvo entre 20 y 27 diputaciones federales, lo que le dará una gran relevancia para negociar en la futura legislatura.
Al observar los resultados electorales oficiales de las 15 gubernaturas en juego, las aproximadamente 1925 presidencias municipales y alcaldías, además de los 30 congresos locales en disputa, no es tan fácil declarar un ganador único. Es cierto que la alianza del presidente López Obrador se llevó 10 de 15 gubernaturas (con posibilidad de sumar Campeche, donde la diferencia de votos es tan estrecha que impide darle la victoria a nadie), que mantiene mayoría en 19 congresos locales (la misma cantidad de congresos que tenía antes de la elección), y que es la coalición que más municipios ganó en el país; sin embargo, la oposición tuvo victorias importantes en 16 de las 29 ciudades capitales del país donde hubo renovaciones (considerando a Movimiento Ciudadano dentro de la oposición), ganó 9 de las 16 alcaldías de la CDMX (histórico bastión de la izquierda ligada a MORENA), mantiene mayoría en 13 congresos locales (Sumando a MC, y tomando en cuenta que en algunos, la mayoría es de solo un diputado), y solo ganó tres gubernaturas (una vez más considerando a MC dentro de este bloque opositor). Con esta nueva configuración del mapa electoral, MORENA y sus aliados (PES, PT, PVEM) gobernarán a poco más de 60 millones de habitantes (47% de la población aproximadamente), mientras que la alianza PAN-PRI-PRD gobernará a poco más de 50 millones (39% de la población aproximadamente) y Movimiento Ciudadano se queda con Jalisco y Nuevo León, que juntos suman cerca de 14 millones de habitantes (12% de la población aproximadamente).
El caso de la Ciudad de México resulta de especial interés, no sólo porque ha sido el bastión histórico de la izquierda mexicana y del movimiento que encabeza el presidente de la República, sino que, además, es la caja de resonancia política de este país altamente centralizado. Los últimos acontecimientos trágicos de la línea 12 del Metro, sumado a una mala gestión de la crisis sanitaria por la COVID-19, hicieron que los capitalinos otorgaran un voto de castigo a MORENA, por lo que el jefe del ejecutivo y su movimiento, deberán replantear su estrategia, con miras a la renovación presidencial del 2024. Renovación que se vislumbra complicada para los partidos de oposición, por no contar con un perfil lo suficientemente visible hasta el momento, y por haber perdido presencia territorial, al sufrir sensibles derrotas en las elecciones de gobernadores de los pasados comicios.
Dejando de lado los resultados meramente electorales, es conveniente señalar que la violencia fue una constante que manchó, en algunas regiones más que otras, el desarrollo cívico de los comicios. Y es que no puede pasar desapercibido que 102 políticos fueron asesinados durante el pasado proceso electoral, de los cuales 36 eran aspirantes o candidatos (muchos de ellos en actos públicos, o frente a sus seguidores), y de éstos, 90% eran postulados por partidos opositores a los presidentes municipales en funciones[1]. La sombra de la violencia y el crimen organizado que imperan en algunas zonas del país, sigue presente y debe obligar al sistema político mexicano a tomar cartas en el asunto.
Otro asunto particular de este proceso, fue que se desarrolló en medio de una crisis sanitaria, que obligó a un confinamiento, y esto modificó de manera drástica, las formas en que los candidatos hicieron campaña. Los métodos tradicionales quedaron parcialmente relegados frente a una nueva forma de hacer política usando más intensamente las redes sociales y medios digitales como el eje central de la comunicación política. Para muestra de eso, es el gobernador electo de Nuevo León, quien inició en último lugar en las encuestas, pero que, mediante una campaña digital innovadora, logró un triunfo bastante holgado.
Y siguiendo con la crisis por COVID-19 y el proceso electoral, se debe mencionar que la tentación de usar las escasas vacunas que México recibía, como una moneda de cambio para comprometer el voto, se hizo presente en más de una campaña, en prácticamente todos los partidos, y en las conferencias mañaneras del presidente de la República, quien durante toda la campaña, estuvo en un constante conflicto con las autoridades electorales, por entrometerse y opinar del proceso electoral, acción que está prohibida por ley.
Aunque, sí de infringir la ley electoral se trata, quien se llevó el primer lugar fue el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Y es que, en plena veda electoral, un grupo de “influencers” de las redes sociales, publicaron en sus perfiles personales que “apoyarían con su voto” a dicho partido, usando todos el mismo modus operandi y prácticamente el mismo mensaje de respaldo. Esta situación no pasó desapercibida por las autoridades electorales, quienes ya informaron que están investigando la procedencia de esta “repentina, eufórica y natural” demostración de apoyo.
Al final de todo, quienes sí pueden considerarse triunfadores de esta contienda son, por un lado, el Instituto Nacional Electoral (INE) quien condujo el proceso electoral de forma impecable y con alto profesionalismo, con todo y los constantes ataques de casi todos los representantes políticos; y por otro lado, los electores, quienes demostraron que aún y teniendo tantos factores en contra, asumieron su responsabilidad democrática y salieron a ejercer su derecho, convirtiendo esta elección intermedia, en la más concurrida de la historia democrática de este país (48,874,040 millones de votantes)[2].
[1] Etellekt Consultores. (2021). Séptimo Informe de Violencia Política en México 2021. Etellekt Consultores Sitio web: https://www.etellekt.com/informe-de-violencia-politica-en-mexico-2021-J21-etellekt.html
[2] INE. (2021). Cómputos Distritales 2021, Elecciones Federales. Instituto Nacional Electoral Sitio web: https://computos2021.ine.mx/votos-distrito/mapa