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Reportajes internacionales

La guerra en Irán - Consecuencias para América Latina

Desde el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel libran una guerra abierta contra Irán. La escalada en Oriente Medio se sigue y se debate en América Latina con diversa intensidad, pero en muchos paí-ses pasa a un segundo plano en favor de los acontecimientos de la política inter-na. Al mismo tiempo, se observan en la región consecuencias económicas cla-ramente perceptibles que influyen direc-tamente en la vida cotidiana de la pobla-ción. En este informe, nuestros corresponsales en determinados países de la región ofre-cen una visión general de las consecuen-cias económicas que la guerra con Irán está teniendo sobre el terreno y de la pos-tura que adoptan los respectivos gobier-nos respecto al conflicto y a la actuación de Estados Unidos e Israel. Además, analizan la postura que adoptan los so-cios políticos y los partidos afines a la Fundación Adenauer, cómo evoluciona el estado de ánimo general en el país y qué actores podrían beneficiarse de la crisis actual.

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Argentina

En Argentina ya se están dejando sentir las repercusiones económicas de la guerra con Irán. Dado que el país se ha convertido cada vez más en un exportador de petróleo en los últimos años, las empresas petroleras nacionales se benefician especialmente del aumento de los precios en el mercado mundial. Al mismo tiempo, la subida de los precios ejerce una presión considerable sobre el mercado interno: los consumidores se enfrentan a precios más altos de la gasolina y, debido al aumento de los costes de transporte, se encarecen numerosos productos de uso diario. Para el Gobierno, esto supone un difícil dilema entre mantener la disciplina presupuestaria y evitar un nuevo repunte de la inflación, en caso de que se vea obligado a subvencionar más el combustible.

El Gobierno del presidente Javier Milei apoya expresamente la guerra contra Irán liderada por Estados Unidos e Israel y la califica de instrumento legítimo en la lucha contra el terrorismo internacional. Esta postura se inscribe en la tradicional tensión entre Argentina e Irán, que se remonta a los atentados contra la embajada israelí (1992) y el centro cultural judío-argentino AMIA (1994), atribuidos a Hezbolá con el apoyo del régimen iraní. Tras la declaración pública de Milei a favor de Washington y Jerusalén, la prensa estatal iraní criticó duramente al Gobierno argentino y advirtió de que Argentina había «cruzado una línea roja» y debía contar con las consecuencias.

En el ámbito político de la Fundación Adenauer, la línea del Gobierno cuenta en general con apoyo, especialmente por parte del PRO, partido asociado a la KAS. No obstante, varios socios de la KAS expresan a puerta cerrada su preocupación por las posibles consecuencias económicas de un conflicto prolongado. Se considera que, sobre todo, la frágil situación macroeconómica podría verse amenazada. Además, se ve con ojos críticos la fuerte alineamiento con la postura estadounidense; numerosos actores del centro político desean una línea de política exterior más independiente para el país. Mientras tanto, crece entre la población el temor a posibles atentados terroristas, que marcan los debates en los medios de comunicación y en el espacio público.

Por el momento, no es posible determinar de forma concluyente si terceros países se beneficiarán de la guerra con Irán. Sin embargo, si el conflicto se prolongara, esto podría aumentar aún más la dependencia económica de Argentina respecto a China, por ejemplo, mediante un mayor uso de instrumentos financieros como los swaps de divisas. Por el contrario, parece poco probable que se produzca un fortalecimiento significativo de la influencia rusa.

 

Chile

Las repercusiones económicas de la guerra con Irán se dejan sentir de forma inmediata entre la población. El 23 de marzo, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anunció un drástico aumento de los precios de los combustibles, que entró en vigor el 26 de marzo. La gasolina subió alrededor de un tercio, y el gasóleo, incluso más del 60 %. Dado que Chile importa alrededor del 99 % de sus combustibles, el aumento de los precios internacionales del petróleo repercute casi íntegramente en los consumidores finales. Hasta ahora, el Gobierno solo ha anunciado medidas limitadas para amortiguar el impacto, entre ellas ayudas económicas para los taxistas y una congelación de las tarifas del transporte público en Santiago. La expectativa de un aumento generalizado de los precios debido al incremento de los costes de transporte y los riesgos de inflación asociados ha sorprendido a la población y ha provocado, en las primeras encuestas rápidas, un descenso significativo del apoyo al nuevo Gobierno.

El presidente Kast ya se había pronunciado públicamente a favor de la intervención militar de Estados Unidos e Israel en Irán antes de asumir el cargo. Su postura se ajusta estrechamente a la línea de política exterior prooccidental que había anunciado durante la campaña electoral. El partido Renovación Nacional, socio de la KAS, apoya oficialmente la postura del Ejecutivo como parte de la coalición de gobierno, aunque en conversaciones confidenciales los principales representantes del partido muestran una actitud más matizada y menos confrontativa. Aunque la guerra de Irán es un tema presente en la población en general, queda claramente relegada a un segundo plano frente a los acuciantes retos sociales y económicos temas de política interior. El Gobierno del presidente José Antonio Kast asumió el cargo hace apenas unas dos semanas y, en estos momentos, se ocupa principalmente de cubrir puestos clave del Gobierno y la administración. Paralelamente, la oposición sigue luchando por definir su nuevo papel político. En este contexto, el conflicto internacional parece para gran parte del sistema político un acontecimiento lejano que recibe una atención limitada; en condiciones de política interior más estables, el interés por su evolución sería probablemente mucho mayor.

Por el momento, resulta casi imposible evaluar si terceros países como China o Rusia podrían beneficiarse de la guerra con Irán. Sin embargo, el nuevo Gobierno ha señalado claramente que desea fortalecer las relaciones con EE. UU. y Europa, lo que revela una priorización de las alianzas occidentales en la política exterior.

 

Colombia

En Colombia, la guerra de Irán tiene principalmente repercusiones económicas indirectas, que, sin embargo, se dejan sentir en varios ámbitos. Como exportador de energía, el país se beneficia a corto plazo del aumento de los precios del petróleo, lo que se traduce en mayores ingresos por exportaciones y recaudación fiscal adicional, lo que estabiliza temporalmente la situación presupuestaria. Al mismo tiempo, surgen factores de presión significativos, en particular debido al aumento de los costes de la energía y el transporte, que generan presión inflacionista y elevan los precios al consumo. A esto se suma el riesgo de un aumento de los precios de la gasolina en el mercado interno, así como el encarecimiento del transporte de mercancías y los seguros, lo que repercute directamente en los precios de importación y las cadenas de suministro. Es especialmente relevante la fuerte subida de los precios de los fertilizantes, de los cuales Colombia importa alrededor de tres cuartas partes. La reciente evolución de los precios —por ejemplo, de la urea— afecta considerablemente al sector agrícola y provoca un aumento de los costes de producción, lo que a medio plazo se traduce en un encarecimiento de los alimentos.

El Gobierno del presidente Gustavo Petro se posiciona claramente en contra de la intervención militar de Estados Unidos e Israel en Irán, invocando los principios del multilateralismo, el derecho internacional y la necesidad de soluciones diplomáticas. Petro exige un alto el fuego y un papel más destacado de las Naciones Unidas, y ha calificado los ataques de contrarios al derecho internacional. Sin embargo, desde el punto de vista político, esta postura debe interpretarse de forma más contundente: Petro aprovecha visiblemente el conflicto para subrayar su línea crítica hacia Israel y su distanciamiento de Occidente. Llama la atención que sus críticas a EE. UU. se formulen a menudo de manera indirecta, instando a Washington a replantearse su alianza con Israel. A pesar de una relación globalmente tensa con EE. UU., el Gobierno evita, no obstante, una escalada abierta. El énfasis en el multilateralismo sirve sobre todo para reforzar una postura crítica frente a Occidente.

En el ámbito político de la Fundación Adenauer, la guerra con Irán no ha tenido hasta ahora un papel destacado. Los socios políticos del espectro de centro-derecha, entre ellos el Centro Democrático y el Partido Conservador, defienden tradicionalmente posiciones prooccidentales y critican la línea de política exterior del Gobierno. Figuras destacadas, entre ellas la candidata presidencial Paloma Valencia, rechazan expresamente la postura de Petro y se posicionan claramente a favor de Occidente. Al mismo tiempo, la agenda política del país está totalmente dominada por la campaña presidencial, en la que priman temas de política interior como la seguridad, la economía y la corrupción. Las cuestiones de política exterior apenas tienen relevancia. También entre la población prevalece en gran medida la indiferencia hacia la guerra con Irán; el tema se percibe sobre todo a través de sus consecuencias económicas, en particular la inflación, los precios de la gasolina y el coste de los alimentos.

Hasta ahora no se aprecia ninguna ventaja política directa para terceros actores como China o Rusia. Ninguno de los dos está aprovechando el conflicto de forma visible para ampliar su influencia política en Colombia. Sin embargo, existen efectos económicos indirectos en la medida en que Colombia depende de las importaciones de fertilizantes procedentes de Rusia y China, y los aumentos de precios, así como los cambios globales en las cadenas de suministro, pueden beneficiar a estos actores. En general, sin embargo, la influencia de terceros Estados se limita al ámbito económico y, hasta ahora, no tiene una dimensión política apreciable.

 

México

En México, los efectos económicos de la guerra con Irán se han manifestado hasta ahora principalmente de forma indirecta a través de canales económicos mundiales. Como productor de energía, el país se beneficia en principio de los precios más altos del petróleo, que conducen a un aumento de los ingresos por exportaciones. Al mismo tiempo, México depende en gran medida de las importaciones de gasolina, por lo que el encarecimiento de los combustibles genera presión inflacionaria y afecta notablemente a los precios al consumidor en sectores clave. Esta constelación hace que el país sea especialmente sensible a las crisis energéticas. El aumento de los costes de transporte repercute además en la evolución general de los precios. El peso también ha reaccionado últimamente con una mayor volatilidad. Además, una posible desaceleración de la economía estadounidense como consecuencia del conflicto podría afectar directamente a México, dado que los vínculos económicos entre ambos países son muy estrechos. En conjunto, los efectos directos son limitados, pero los riesgos de una aceleración de la inflación siguen siendo claramente perceptibles.

El Gobierno mexicano se mantiene fiel a su enfoque tradicional de política exterior de no injerencia y de preferencia por la resolución multilateral de conflictos. No se han emitido declaraciones oficiales ni a favor de EE. UU. e Israel ni a favor de Irán. En su lugar, el Gobierno subraya la necesidad de la distensión y de los formatos diplomáticos, lo que se refleja en un lenguaje prudente y legalista. En consecuencia, el perfil internacional sigue siendo bajo y México evita deliberadamente posicionarse claramente a favor de una de las partes del conflicto. En el ámbito político de la Fundación Adenauer, la guerra de Irán apenas tiene relevancia en estos momentos. Mientras que el partido gobernante, MORENA, defiende una línea fuertemente orientada a la soberanía y se muestra, en principio, crítico con las intervenciones militares, la oposición —entre la que se encuentra el PAN, partido asociado a la KAS— tiene tradicionalmente una orientación más occidental. Sin embargo, también ella evita exigir una implicación política directa en el conflicto. En general, existe un amplio consenso en que el tema tiene poca relevancia en la agenda política. El conflicto tampoco suscita mucho interés entre la opinión pública; se percibe sobre todo por el aumento de los precios de la gasolina y las preocupaciones generales por la inflación, pero no como un tema de política exterior que genere debates sociales o polarice a la sociedad.

Solo se puede afirmar de forma limitada que los terceros países se benefician de la situación actual. Es probable que Rusia obtenga ventajas económicas debido a los elevados precios de la energía, mientras que China sigue consolidando su influencia diplomática y económica en el llamado «Sur Global». Sin embargo, ambas tendencias se inscriben más bien en un contexto global y, hasta ahora, no han tenido un efecto inmediato apreciable en la política interior mexicana.

 

Perú

En Perú, las repercusiones económicas de la guerra con Irán se suman a una situación de abastecimiento ya de por sí tensa. El aumento de los precios internacionales del petróleo coincide en el tiempo con los daños sufridos por un gasoducto central, decisivo para el suministro de gas licuado. El gas licuado no solo es una fuente de energía fundamental en el sector del transporte público y privado, sino que también desempeña un papel importante en la generación de electricidad y en el abastecimiento doméstico. La escasez y el encarecimiento simultáneos del gas, así como la necesidad de recurrir a la gasolina y el diésel —que a su vez se han encarecido debido a las subidas globales del precio del petróleo— han aumentado considerablemente la presión sobre los precios en el sector del transporte. A esto se suma la situación estructuralmente débil de la empresa estatal petrolera Petroperú, que necesita repetidamente apoyo estatal y que, debido a la falta de liquidez, no está en condiciones de amortiguar las subidas de precios mediante sus reservas de combustible. Además, existe controversia política sobre si debe revocarse el decreto recientemente promulgado para la reorganización de Petroperú, lo que también se debate en el contexto de la inseguridad energética mundial. La combinación de factores internacionales y nacionales da lugar a subidas de precios, en parte temporales y en parte persistentes, en el transporte de personas y mercancías, y suscita la preocupación de que se produzca un efecto dominó que, si los precios del petróleo se mantienen altos, podría elevar notablemente los precios al consumo.

En materia de política exterior, Perú sigue su tradicional línea neutral. El Ministerio de Relaciones Exteriores publicó, inmediatamente después de los ataques contra Irán el 28 de febrero, un comunicado en el que se hace un llamamiento a la distensión y se subraya la importancia de las soluciones diplomáticas. El Gobierno expresó su esperanza de que pronto se restablezca la estabilidad y la calma en la región y de que todas las partes implicadas eviten acciones que puedan contribuir a agravar el conflicto. Esta postura se ajusta a la línea peruana de larga data de una política exterior prudente y multilateral, que evita pronunciamientos directos a favor de actores concretos. Perú cuenta además con una importante diáspora en Oriente Próximo, especialmente en Israel y los Emiratos Árabes Unidos. El Ministerio de Relaciones Exteriores reaccionó rápidamente ante la escalada y evacuó, durante la primera semana de marzo, a unos treinta ciudadanos que se encontraban en la región.

En el ámbito político de la Fundación Adenauer, el conflicto en Oriente Próximo se percibe como algo muy lejano. La atención que recibe se debe casi exclusivamente a sus posibles repercusiones económicas. El debate político en el país está dominado actualmente por la campaña electoral previa a las elecciones parlamentarias y presidenciales del 12 de abril, lo que deja poco espacio para los temas internacionales. También entre la población, la preocupación por el aumento del coste de la vida ocupa claramente un primer plano, mientras que las cuestiones de política exterior desempeñan un papel secundario.

Resulta difícil evaluar con claridad quiénes podrían beneficiarse de ello. Perú mantiene relaciones diversas y de larga tradición con China, que es un socio económico fundamental. Al mismo tiempo, Estados Unidos está intensificando sus esfuerzos por ejercer influencia, sobre todo debido a la ubicación estratégica del país y a su riqueza en materias primas. Perú mantiene tradicionalmente buenas relaciones con diversas regiones del mundo, incluida la UE, lo que le lleva a adoptar una posición fundamentalmente neutral en los conflictos internacionales. Esta actitud también se ve marcada por el concepto de «neutralidad activa», formulado por el exministro de Relaciones Exteriores Elmar Schialer, que prevé la cooperación simultánea con diversos actores globales sin alinearse claramente con ningún bando.

 

Exportaciones de petróleo de los países latinoamericanos y sus principales compradores

Ölexporte lateinamerikanischer Länder und ihre wichtigsten Abnehmer KAS / Diálogo Político
Ölexporte lateinamerikanischer Länder und ihre wichtigsten Abnehmer

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