Reportajes internacionales

Escalada y confraternización espontánea en los Andes

de Carsten Wieland

La región entre el dilema de la lucha contra el terrorismo y las confrontaciones caudillistas

En la primera semana de marzo 2008, los habitantes de la Región Andina así como observadores en todo el mundo contuvieron la respiración. En pocos días escaló la más grave crisis diplomática que se haya conocido entre Colombia, Ecuador y Venezuela, la cual se había expandido finalmente hasta Nicaragua. El escenario peligroso puso de presente qué inestable está la situación de seguridad en una región que está profundamente escindida ideológicamente y políticamente.

Por primera vez en la historia fueron expulsados los embajadores colombianos de Venezuela y Ecuador; Nicaragua rompió también todas las relaciones con Colombia. Venezuela desplazó diez batallones de tanques (de 5000 a 6000 hombres) hasta la frontera colombiana. Ecuador también incrementó su presencia militar con 3200 soldados en la comprometida zona fronteriza de Sucumbíos. En consecuencia, los escenarios de lucha fueron preparados de forma concreta por los estrategas militares de los respectivos países. Extranjeros cancelaron sus vuelos a Colombia. El comercio y el tránsito particular en las fronteras colapsó.

Tan sólo una semana después de que el ejército colombiano, en una acción militar puntual detrás de la frontera nacional sobre territorio ecuatoriano, liquidara al número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), alias Raúl Reyes, y después de que los países vecinos dieran rienda suelta a su rabia, se desató el pavoroso escenario. El Presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, logró como anfitrión de la cumbre del Grupo de Rio, en una “jugada diplomática maestra”, a juzgar por los medios de comunicación colombianos, que los cuatro Jefes de Estado cedieran en sus posiciones. Se reconciliaron – al menos temporalmente - ante las cámaras de televisión.

Colombia salió bien librada ya que finalmente no fue condenada ni por la Organización de Estados Americanos (OEA) ni por el Grupo de Rio. Fue rechazada la violación de la soberanía ecuatoriana sin consultar el país vecino y se subrayó el principio de la inviolabilidad de la soberanía estatal. Colombia tuvo que reafirmar que el hecho no se volvería a repetir en ningún caso. Las disculpas del gobierno de Álvaro Uribe fueron aceptadas. En contraprestación, Colombia renunció a que se impusiera la obligación expresa a los países vecinos de no cooperar más con las FARC. No obstante, la declaración final subrayó en general la necesidad de actuar en contra de los grupos ilegales en las fronteras comunes. Además, Colombia retiró su amenaza de denunciar al presidente Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional.

La sesión del 7 de marzo en Santo Domingo que debía ser en realidad el encuentro anual normal del Grupo de Rio, se convirtió en el escenario de un singular espectáculo político. Más allá de las convulsionadas emociones, de los agudos reproches y de los inesperados abrazos, al final quedaron más preguntas abiertas que soluciones a la vista.

Preocupantes enseñanzas de la escalada de marzo

La muerte de Raúl Reyes y sus reveladores correos electrónicos de los cuatros computadores rescatados del campamento, la consiguiente escalada diplomática, así como la cumbre de Santo Domingo dejaron en muchos puntos una claridad preocupante y, al mismo tiempo, proporcionaron muchas enseñanzas:

- Es verdad que los Estados Latinoamericanos demostraron de forma impresionante su capacidad espontánea para la solución de conflictos. Sin embargo, la Región Andina no cuenta con instituciones efectivas a través de las cuales las partes se puedan comunicar de manera continua en el largo plazo y que puedan ser utilizadas como mecanismos en la solución de conflictos.

- Tensión y distensión dependen frecuentemente de caudillos que actúan emocionalmente. Ni siquiera los Ministros de Relaciones Exteriores ni el cuerpo diplomático juegan un papel preponderante, casi solamente los Jefes de Estado.

- El clima político de la región está enrarecido por una honda desconfianza que mutuamente se expresan los gobiernos, en parte por polarizaciones ideológicas y, en parte, por aversiones personales.

- Controversias sobre el derecho internacional e instituciones internacionales llegan a ser instrumentalizadas en el contexto de discusiones políticas.

- Diferendos fronterizos no resueltos podrían ser utilizados en el futuro como motivo de nuevas confrontaciones: Nicaragua pretende las islas de San Andrés y Providencia que se hallan 200 millas náuticas frente a su costa y que pertenecen a Colombia desde 1928. Colombia ganó en diciembre de 2007 la primera ronda ante la Corte Internacional. Por cierto, Nicaragua recibió entrada a las aguas circundantes de las islas que son ricas en pesca y posiblemente en petróleo. En 1999 Venezuela expidió la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; en dicho contexto fueron tematizados nuevamente con mayor énfasis cuestiones fronterizas con Colombia, provenientes del año 1830 en el área marítima, especialmente, en torno al Archipiélago de los Monjes donde hay existencias petroleras, y en tierra firme en la provincia norteña colombiana de la Guajira.

- Colombia está rodeada por gobiernos que, como el de Venezuela de forma comprobada, apoyan organizaciones terroristas o, como en el caso de Ecuador, simpatizan con ellos y los encubren políticamente y les brindan apoyo logístico.

- El continente no está dividido, en primer término, entre gobiernos izquierdistas y derechistas sino, por un lado, entre demócratas de tendencias de izquierda y de derecha (entre ellos Colombia, Brasil, Chile, México) y, por otro lado, regímenes populistas (como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua) que no temen ni utilizar actores violentos no estatales como brazo armado de sus propios intereses, ni simpatizar abiertamente con ellos.

Las evidencias derivadas de tales hechos nos llevan a reflexionar que la fraternización entre el colombiano Álvaro Uribe, el venezolano Hugo Chávez, el ecuatoriano Rafael Correa y el nicaragüense Daniel Ortega podrían ser de muy corta duración. Por otra parte, la disputa produjo tanto un impacto de gran magnitud como una significativa participación internacional, que la cumbre de Santo Domingo podría en el mejor de los casos ser un punto de partida para nuevos impulsos en la solución del conflicto en Colombia. Al menos se ha iniciado una dinámica que podría contener también sorpresas positivas, si las posibilidades de una participación internacional sean utilizadas apropiadamente.

Exceptuando dinámicas riesgosas en Suramérica, la política de algunos Estados europeos frente a Colombia no es tampoco muy consecuente. Francia, que calificó la muerte de Raúl Reyes como “no muy buena noticia”, declaró que se podría borrar a las FARC de la lista internacional de terroristas si ellos liberaban a la medio francesa y entonces candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt. Esto desencadenó descontento en Colombia, pues junto a Betancourt se esfuman lentamente más de 700 rehenes en las manos de la guerrilla (en total deben encontrarse más de 3000 víctimas en manos de diversos grupos criminales).

Uribe anunció en enero que sí, él estaría dispuesto a no calificar más a las FARC como terroristas si éstas renunciaban a los secuestros y se declaraban dispuestas a las negociaciones de paz. Esa posición consecuente debiera ser apoyada por los Estados europeos en lugar de aprovecharse del dosier colombiano para metas políticas internas, como lo hace actualmente el presidente francés Nicolas Sarkozy. Italia, que hace poco pudo cerrar negociaciones comerciales exitosas con Venezuela, no deja ver, junto a la crítica a Colombia, una clara condena a las relaciones de Venezuela con las FARC.

Éxito contra las FARC – Conflicto con los vecinos

Colombia se encuentra en una situación paradójica. Justo en el momento en el que la lucha contra las FARC muestra sus mejores éxitos, confirmando con esto la seguridad en el propio país como el logro más visible del gobierno de Uribe, se le presenta a Colombia el conflicto con los dos “países hermanos” Ecuador y Venezuela, con los que hasta 1830 había conformado la Gran Colombia. Como reconfirmación de ese éxito, justo el día de la cumbre de Santo Domingo se supo que después de Raúl Reyes, el segundo de siete miembros del Secretariado Político de las FARC había sido dado de baja.

Las circunstancias de la muerte de alias Iván Rios revelan una nueva dinámica: Desde la llegada al poder de Uribe en 2002 las FARC no sólo están claramente debilitadas militarmente, sino que padecen bajo un proceso de resquebrajamiento interno. Rios fue asesinado por sus más cercanos colegas, los cuales, a renglón seguido, se entregaron al ejército y se sometieron a la ley del proceso de desmovilización del gobierno. Los guerrilleros estaban agotados en su lucha con el ejército colombiano y desde hace días no tenían nada más para comer. Situación que ha sido también corroborada por otras unidades. Es cierto que los combatientes de las FARC poseen cualquier cantidad de dinero proveniente del narcotráfico, pero a veces no se atreven a acercarse a los pueblos para abastecerse de alimentos.

Desde 2002 se han desmovilizado voluntariamente más de 8000 combatientes de las FARC. El número de miembros es difícil de calcular debido a que entre sus filas se encuentran civiles así como elementos estatales de los países vecinos. Generalmente, se estima que las FARC están conformadas por 15.000 combatientes. Sin embargo, la tropa guerrillera, según algunos cálculos, cuenta solamente con la mitad del tamaño que tenía hace algunos años, es decir alrededor de 8000. Enfrenta cada vez más la protesta abierta de la sociedad colombiana, como lo demostró de forma imponente la marcha masiva contra las FARC del 4 de febrero del presente año. Las FARC se encuentran no solamente en una crisis militar, sino de legitimidad.

Existen también referencias de que el ataque contra Raúl Reyes fue posible gracias a informates locales en combinación con armas modernas de tecnología de punta desde los Estados Unidos. Las autoridades anunciaron el pago de 5 millones de dólares como recompensa. Lo que para muchos constituye un incentivo suficiente para cooperar con el gobierno. El miedo de la población frente a las FARC se está esfumando. En el entorno del líder guerrillero de las FARC, Iván Rios, se percibió la muerte de Reyes como un factor desmoralizador. Podría haberse alcanzado un momento de cambio, en el que cada vez más sectores de la población afectada pierdan el miedo y vean como ventajosa la cooperación activa con el gobierno. Lo mismo vale decir para los combatientes desmoralizados e informantes infiltrados en las filas de las FARC. Queda por verse si esto es en efecto el comienzo del final de las FARC, como lo señalan algunos analistas en Colombia.

La táctica de Chávez y Correa de distraer la lucha del ejército colombiano contra las FARC en el interior del país y desplazarla hacia las fronteras no les funcionó. El gobierno colombiano conservó la cabeza fría y expresó que no había motivo para un desplazamiento de las tropas. Estaba en lo cierto. No obstante, de no haberse desactivado la crisis, se hubiese podido llegar fácilmente en medio de esa situación tensionante a algunas escaramuzas fronterizas desencadenadas por las FARC. En ese caso al gobierno colombiano le hubiera tocado reaccionar. Pero después de la distensión el ejército se puede dedicar completamente al enemigo interno.

La complicidad de Chávez y Correa

Pues ahora se le presenta a Colombia un nuevo reto. La lucha contra las FARC es tan exitosa que muchos de sus líderes tan sólo se pueden sentir seguros más allá de las fronteras. La característica del campamento en Ecuador en el que Reyes y otros 23 combatientes de las FARC murieron, tenía una infraestructura consistente y no era ningún campamento de paso. Los documentos en el portátil de Reyes, cuya veracidad apenas si se puede poner en duda, demuestran que las expresiones públicas de simpatía de Chávez no sólo son palabras vacías.

Después de lo conocido hasta ahora de los computadores, según lo argumentado por la parte colombiana, Venezuela y Ecuador atentan contra la resolución 1373 de 2001 emitida por la ONU. Confome a dicha resolución, todos los Estados están obligados a perseguir como delito tanto las actividades terroristas de cualquier naturaleza así como el simple apoyo en sus territorios. Esto incluye ayuda financiera a terroristas, el concederles refugio y el compartir informaciones con ellos.

En los documentos de Reyes se puede constatar que Chávez les pagó a las FARC 300 millones de dólares. Queda por saber qué cantidad de armamento les ha suministrado. Por lo demás, en 1992 Chávez recibió de parte de las FARC 50.000 dólares mientras estaba en la cárcel a causa de su frustrado golpe de Estado. Pues bien, en su programa televisivo semanal “Aló Presidente” guardó un minuto de silencio en honor a Reyes. Esas relaciones tienen bases profundas. La última llamada que hizo Reyes el 28 de febrero desde su teléfono satelital (que fue escuchado permitiendo la ubicación de Reyes) tuvo lugar personalmente con Chávez. Para desviar la atención de los crecientes descontentos internos, limpiar su imagen internacional y aparecer como un benefactor humanitario Chávez les ofreció a las FARC pagarles en el futuro con petrodólares por otras liberaciones de rehenes. Las dos partes acostumbraban enviarse como despedida en los correos electrónicos “saludos bolivarianos”.

Luego de la liberación de las primeras dos rehenes políticos el 10 de enero, Chávez tomó la propuesta de las FARC de exigir a la comunidad política internacional el reconocimiento para la guerrilla del estatus de beligerancia y de borrarlos de la lista internacional de terroristas. En ese entonces esa petición se convirtió en un bumerán. Exceptuando a Nicaragua ningún otro país se unió a la exigencia – tampoco Ecuador! La relación entre Correa y Chávez no está libre de fricciones. Esto se puede establecer también en los correos electrónicos de las FARC. Correa intentó desde su posesión en enero de 2007 perfilar su propia imagen y no compartir todas las iniciativas de Chávez. El incidente fronterizo con Colombia volvió a poner a Correa bajo la presión intensa de Caracas, frenando de golpe sus pretensiones emancipatorias.

Correa se puso evidentemente inquieto cuando Uribe en la Cumbre de Santo Domingo, en tono objetivo, citó las evidencias que contenían los computadores de Reyes: Dinero de las FARC para la campaña electoral de Correa en el año 2006; un encuentro entre el Ministro de Seguridad ecuatoriano Gustavo Larrea y Raúl Reyes en zona fronteriza; establecimiento de contactos oficiales; entrega de rehenes y planeación de la visita de una alta delegación de las FARC con Correa en Quito. Después de la cumbre se supo además que Reyes portaba desde 1998 un pasaporte legal ecuatoriano. En contraposición con caso de Venezuela, Ecuador insiste en el “carácter humanitario” de esas relaciones con la finalidad de la liberación de rehenes. Hasta el momento no se ha podido demostrar un directo apoyo financiero o militar. Pero la prensa colombiana se pregunta por qué se llevaron a cabo esas actividades sin consultar al gobierno de Uribe, sab iendo que debían servir a un propósito pacífico.

No un problema jurídico-internacional, sino de carácter político

En esto radica exactamente el problema: Los gobiernos albergan una profunda desconfianza, trabajan opuestamente y con esto le dan impulso a las actividades de las FARC. Por ello, la acción militar contra Raúl Reyes no es tampoco, en primer lugar, un problema jurídico, sino uno político. Colombia violó claramente la soberanía de un Estado vecino y con ello el artículo 2 de la carta de las Naciones Unidas. Esto no fue nunca negado por el gobierno de Uribe. Pues bien, entre gobiernos que se entienden no necesariamente hubiese llevado a una escalada. Si hubiera confianza podrían llamarse los Jefes de Estado a las dos de la mañana e implementar una estrategia común. Esto es válido, en especial, cuando ningún civil o la infraestructura del país vecino están en riesgo y se trata de una acción puntual y limitada contra terroristas.

El gobierno colombiano presentó el argumento de la legítima defensa: Desde 2004 habrían habido cuarenta ataques de las FARC desde el territorio ecuatoriano. Correa calificó dicha afirmación en Santo Domingo como “mentiras”. Pero también después de la Cumbre siguen los ataques de las FARC desde Ecuador hacia territorio colombiano. Como declaró el canciller colombiano, Fernando Araújo, al final de marzo, erradicadores manuales de coca fueron ataquados de nuevo desde más allá de la frontera.

Desde la perspectiva del derecho internacional, han sido debatidos tales escenarios de necesidad y defensa, teniendo en cuenta también el criterio de proporcionalidad. Independiente de las valoraciones del derecho internacional, existen casos en el pasado en los cuales la violación de la soberanía territorial no ha llevado a ninguna escalada binacional. El más reciente ejemplo es el de las tropas turcas en Irak en su lucha contra las guerrillas del PKK.

Venezuela argumento reiteradamente, durante el gobierno de Rafael Caldera entre 1995 y 1997, el derecho a la legítima defensa cuando tropas de la guardia nacional prenetraban territorio colombiano persiguiendo guerrilleros, contrabandistas y narcotraficantes. En Santo Domingo Uribe citó un caso delicado ocurrido hace 20 años en el continente latinoamericano: En ese entonces entraron tropas nicaragüenses en el vecino país de Honduras con el fin de asestarle un golpe a los rebeldes contras que operaban desde allí. El otrora presidente de Nicaragua no fué ningún otro que Daniel Ortega.

En la acción militar colombiana no sufrieron daños ni la infraestructura de algún Estado vecino ni probablemente civiles (la muerte de un ecuatoriano en el campamento de Raúl Reyes manifiestamente no cae en esta categoría, porque fue combatiente de las FARC). Colombia se ha disculpado varias veces por la violación de la soberanía ecuatoriana y ofreció inmediatamente indemnización financiera por posibles daños causado en la zona selvática.

Ecuador se siente ultrajado

Sin embargo, mas allá de consideraciones del derecho internacional, el gobierno de Uribe ha cometido una serie errores en materia diplomática, cuyo efecto acumulativo en un ambiente cargado de tensiones, ha contribuido a la escalada de la crisis. La política exterior nunca ha sido el fuerte del gobierno de Uribe, al menos no hasta el encuentro en Santo Domingo. Debido a la desconfianza entre los gobiernos, el gobierno de Uribe no le quiso compartir antes a su colega ecuatoriano la operación contra Reyes. Cuando llamó a Correa aquella mañana del primero de marzo no le comentó toda la verdad. Por parte de representantes del gobierno colombiano y de la policía también se dieron a conocer inicialmente versiones contradictorias de los hechos. Hasta el día de hoy no han sido aclaradas completamente las circunstancias del ataque militar. Sin embargo, tal parece que no se trató de una persecución en caliente (hot pursuit), sino de una ofensiva planeada sobre territorio ecuatoriano. Eso tiene relevancia en el derecho internacional.

Esas confusiones enrarecieron el ambiente en el Ecuador y ofendieron personalmente a Correa. El rencor está tan profundo que la crisis entre Colombia y Ecuador sigue cociéndose a fuego lento. Las relaciones diplomáticas todavía no están establecidas (estado fin de marzo). Porque sólo después de Santo Domingo fue conocido que entre los combatientes de las FARC alrededor de Raúl Reyes también murió un ciudadano ecuatoriano. Correa tomó esta noticia como motivo para atacar nuevamente al gobierno colombiano y cuestionar la normalización de las relaciones bilaterales. Eso muestra cuán inestable está la tregua de Santo Domingo.

Recordemos que la primera reacción de Correa después de conversar telefónicamente con Uribe, pareció ser moderada. Una vez que fueron dados a conocer más hechos, y luego, de que una llamada desde Caracas calentara probablemente el ambiente, Correa dio un giro de ciento ochenta grados que generó la escalada de la crisis. Después de todo, él gobierna un país que en sus fronteras tiene que padecer de manera especial las consecuencias del conflicto colombiano. En Ecuador se han esblecido alrededor de 300.000 refugiados colombianos que han sido desplazados por las FARC de sus pueblos y terrenos. Ellos sufren ante la creciente atmósfera anticolombiana en Ecuador.

Tan sólo desde enero de 2006 se han presentado cinco incidentes, en los cuales la soberanía aérea ecuatoriana ha sido violada por objetos de la fuerza aérea colombiana. Ya los antecesores de Correa habían protestado de manera incisiva contra las fumigaciones con glifosato de las plantaciones cocaleras en la zona fronteriza. Después de diversas crisis diplomáticas entre los dos países, la parte colombiana ha hecho, entretanto, un cambio de su estrategia de la lucha contra la coca en la frontera, adoptando la erradicación manual que es más riesgosa y dispendiosa. En vista de ello, parece inexplicable por qué Ecuador simpatiza con aquellos que de verdad han sido los responsables de la siembra de coca y de los problemas fronterizos.

Constelaciones conflictivas asimétricas

La polémica comparación de Hugo Chávez de calificar a Colombia como el nuevo “Israel de América” que al llamado de “los imperialistas de Estados Unidos”, por medio de sus golpes preventivos, contribuye a la intranquilidad en la región, se ha convertido en un bumerán. Chávez olvida en este punto que después de las revelaciones del computador de Reyes Venezuela tuvo que ser comparado con Siria e Irán; los dos apoyan al Hisbollah y, en parte, al Hamas como brazos armados en el marco de su hostilidad interestatal en contra de Israel.

Aunque las comparaciones no siempre conducen a encontrar rasgos idénticos: La Región Andina se ha convertido, como el cercano oriente, en un área en el que conflictos asimétricos con actores estatales y no estatales traspasan fronteras internacionales; y en el que florecen prácticas terroristas por enemistades interestatales. Esa es una cruda verdad para el presidente colombiano Uribe en su lucha contra los grupos ilegales en su propio país. Igual de dolorosa es esa realidad para los Estados occidentales, debido a que de esa manera la lucha contra las plantaciones y el comercio de drogas con mayor razón se convierten en un trabajo de sísifo.

División política del continente

Cuando el mega año electoral 2006 consolidó la tendencia del giro hacia la izquierda en varios Estados de Latinoamérica, muchos inicialmente albergaron esperanzas de ideas frescas en las sociedades marcadas por una extrema desigualdad. A fin de cuentas los nuevos gobiernos en gran parte son el resultado de la frustración sociopolítica generada por las élites políticas tradicionales. Pero en lugar de solucionar los apremiantes problemas estructurales internos, los populistas izquierdistas, como Chávez y Correa, hacen causa común con grupos guerrilleros para debilitar al gobierno democrático de un país vecino o incluso propiciar su caída. Esas intenciones están corroboradas por los correos electrónicos de Reyes.

En comparación con las agresiones retóricas impulsivas de los países vecinos de Colombia, Cuba - que en los últimos años ha servido como lugar de negociaciones oficiales de paz entre Colombia y el ELN, segundo grupo guerrillero más fuerte - causa una impresión mesurada y razonable.

Desde una perspectiva de seguridad política, ello constituye una constelación inquietante. Organizaciones como la OEA, La Comunidad Andina (CAN) o agrupaciones económicas como el Mercosur no cuentan con estructuras efectivas para la solución de conflictos, e incluso han perdido jerarquía. Más como producto de la casualidad el Grupo de Rio, al que actualmente pertenecen 21 Estados Americanos, logró distensionar el conflicto en el último minuto. Por lo tanto, es un paso en la dirección correcta la idea de establecer un Consejo Permanente de Seguridad en la OEA para otorgarle a la Organización facultad de decisión. Ese sería un resultado positivo de las enseñanzas de estos acontecimientos.

Así mismo, hay que aplaudir que Nicaragua haya expresado su disposición de dejar la solución de las disputas fronterizas marítimas con Colombia en manos del Grupo de Rio. Sin embargo, las esperanzas fueron reprimidas nuevamente una semana después. Contrario a las declaraciones pacíficas en Santo Domingo, el Presidente Ortega expidió un decreto que permite pesca industrial hasta 200 millas náuticas en el oriente del meridiano 82 (el cual está considerado como límite con Colombia). Eso representa una provocación que fue lanzada simultáneamente con el reestablecimiento de relaciones diplomáticas con Colombia.

Impedida catástrofe económica

Otro efecto positivo de Santo Domingo podría ser, que en vista de los amenazantes escenarios en el entorno del más fiel aliado de Estados Unidos, los Demócratas en el Congreso de ese país se dispusieran a firmar por fin el tardío Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia. Al menos los analistas creen posible que esos argumentos políticos podrían ser decisivos para la toma de dicha desición. Porque el contexto muestra que el desarrollo económico de Colombia tiene un efecto en los problemas sociales y por consiguiente en el conflicto interno. Existe una relación negativa muy clara entre productividad y conflicto.

Según sondeos del think tank Fedesarrollo, la violencia en el país absorbe una parte visible del crecimiento económico y de la productividad por habitante. Simplificando esto se puede transferir a la siguiente fórmula: Si la economía del país sufre, entonces esto estimula el conflicto. O al contrario: La política de seguridad demócrática de Álvaro Uribe tiene un importante dividendo social. Por eso, la desactivación de la confrontación con los países vecinos ha proporcionado también un gran alivio en este campo.

Colombia, cuya economía en los últimos años ha experimentado un gran boom, es el mayor exportador en la región y hubiera tenido que perder lo más por lo menos a corto plazo, en el caso de un bloqueo económico. La economía colombiana depende en un 40% del extranjero. El país exportó en 2007 mercancías por un valor de 1,16 billones de dólares hacia Ecuador. El vecino del sur depende de Colombia en gran parte de sus importaciones de energía.

Aún más fuerte se vería afectado el comercio con Venezuela. Este país es el segundo socio comercial más importante después de Estados Unidos. 15 por ciento de las exportaciones colombianas van para la parte oriental del país vecino. Tan sólo el año pasado las exportaciones hacia allá crecieron un 87 por ciento a un volumen de 4,56 billones de dólares. La industria automotriz, tejidos y productos agrícolas se encuentran en la primera fila de la lista. Si se llegara a interrumpir el comercio con Venezuela se perderían, según informaciones de la prensa colombiana, 100.000 puestos de trabajo en Colombia. El crecimiento económico se reduciría en un 1.3 por ciento. Ya desde comienzos del año Venezuela ha limitado las importaciones de automóviles desde Colombia, lo que afectó enormemente el ramo automotor.

El dilema de política interna de Chávez

Pero a mediano y largo plazo también Chávez hubiera tenido bastante que perder en el caso de un bloqueo económico contra Colombia. A causa de los controles de precios estatales, la industria y los campesinos venezolanos no tienen estímulos para producir. La mayor parte de huevos, leche y carne es importada desde Colombia. La escasez de los productos de primera necesidad, que en algunos supermercados de Venezuela ya se ha vuelto costumbre, se ha agudizado dramáticamente.

Esto hubiera sido como agua para los molinos de la oposición, la cual se ha formado nuevamente, especialmente en las universidades, desde finales del año anterior. Después de la amarga derrota a comienzos de diciembre en el referendo para la nueva constitución que hubiese prorogado el tiempo de gobierno de Chávez indefinidamente, el presidente venezolano tiene que actuar cuidadosamente. Junto a la creciente criminalidad y corrupción, la economía es su lado flaco. Un creciente descontento en la población no se puede contener indefinidamente con una extensiva política de gastos. Venezuela está lejos de reformas estructurales que pudiesen amortiguar la pobreza a largo plazo.

Fuera de las pruebas amenazantes desde los computadores de Reyes, Chávez tuvo también buenos motivos de política interna para no dejar escalar más la crisis. Tan sólo un tercio de la población respaldó el desplazamiento de tropas hasta la frontera colombiana. Los dos pueblos no sólo están estrechamente unidos por su historia común. En Venezuela viven 750.000 colombianos con doble nacionalidad. Uno de los pocos periódicos de la oposición en Venezuela tituló: “nosotros no nos dejamos arrastrar por Chávez a la guerra” (Venezuela ni siquiera fue afectada directamente por el incidente).

Además algunas organizaciones políticas de Venezuela criticaron en diferentes ocasiones la posición de Chávez frente a las FARC, así por ejemplo: la asociación de alcaldes y la organización de los ganaderos (Fedenaga). Estos últimos habían señalado en enero que en territorio venezolano se encontrarían actualmente 68 venezolanos en manos de las FARC. En total habrían ocurrido 380 secuestros hasta finales de 2007.

Caudillos tropicales

El apoyo por parte de la población fue un interesante componente en la escalada de la crisis de los primeros días de marzo. Mientras que Chávez tuvo que temer una erosión política interna, el presidente colombiano Uribe pudo aglutinar a su lado más del 80 por ciento de la población. El mismo porcentaje se pudo adjudicar el presidente ecuatoriano Correa. Sin embargo, el apoyo se desmoronó cuando los ciudadanos fueron consultados por las medidas tomadas en la escalada por sus jefes de Estado. Apenas la mitad de los ecuatorianos estuvo de acuerdo con la expulsión del embajador colombiano. Sólo un poco más de un tercio de los colombianos encontraron como una buena idea la intención de su gobierno de acusar al presidente venezolano ante la Corte Penal Internacional en la Haya por “apoyo a organizaciones genocidas” (lo que según expertos del derecho internacional de todos modos no es un delito claramente definido). La población de la Región Andina mantiene evidentemente más cabeza fría que sus jefes de Estado.

Precisamente Chávez, quien fuera el motor de la escalada de la crisis, fue, sin embargo, el primero que en Santo Domingo hiciera señales de reconciliación. Esto pudo haber estado relacionado con los propios riesgos que corre en su política interna. Pero también jugó un rol el factor personal. A él lo une a Uribe un respeto mutuo, casi simpatía y rasgos semejantes de personalidad.

Para recordar, son las actuaciones conjuntas de los dos caudillos en agosto del año pasado cuando Uribe le pidió a Chávez su intermediación en la liberación de los secuestrados de las FARC. La complicidad y confianza de entonces dio un giro repentino, en noviembre, hacia una enemistad agresiva, cuando Uribe le quitó nuevamente dicho mandato a Chávez; porque Chávez había contactado a militares colombianos sin el conocimiento de Uribe y puso en juego su rol de mediador ante los medios de comunicación sin consideración a los compromisos contraidos.

El presidente Correa estuvo, por el contrario, en la sala de Santo Domingo perplejo y petrificado cuando Uribe de repente se levantó de su silla y se dirigió a él con la mano extendida, luego Uribe y Chávez se dieron palmaditas en los hombros y con Ortega incluso se abrazó. La química de Correa es otra. El presidente del pequeño Estado no tiene el temperamento caudillista de sus colegas. La explicación de Chávez para el acaloramiento y reconciliación en Santo Domingo: “Nosotros somos tropicales”, no se le puede aplicar a Correa.

La cuestión es si la región puede soportar a largo plazo ese acaloramiento, estando abiertos tantos interrogantes sobre la disputa. El destino de los “países hermanos” pende de un hilo de seda, que cuelga de la paciencia de sus caudillos y no de vínculos institucionales. Si Chávez internamente cae bajo presión buscará con mayor fuerza su posicionamiento en política exterior. Apenas si habían tomado todos un aire de respiro en Santo Domingo, cuando le propuso a Colombia que retomaran sus intermediaciones en el caso de las FARC. Eso le quedará muy complicado a Uribe. “El mandato a Chávez fue un error,” había dicho un alto funcionario del gobierno en Bogotá. “Pero muy bueno que lo hayamos cometido! Ahora Chávez está definitivamente desenmascarado ante el mundo, evidenciada su complicidad. Ahora tenemos pruebas fehacientes.”

Época de duras decisiones

A pesar de todo, entre Chávez y Uribe no se puede descartar nada. Más allá de la aguda retórica, los dos son pragmáticos. El revuelo en marzo de 2008 podría haber abierto un nuevo capítulo hacia la solución del conflicto colombiano. Avances pueden darse con una cooperación puntual, teniendo, como hasta ahora, la clara conciencia de intereses e ideologías opuestas. Pero fuera aún mejor si todos los gobiernos reflexionaran, mirándose a los ojos con los países vecinos, sobre quién es en realidad el enemigo y no se decidieran por alianzas oportunistas con grupos criminales en contra de buenas relaciones políticas y económicas. Porque los Estados se necesitan mutuamente. Eso les quedó claro a todos durante el crítico escenario de los primeros días de marzo.

También los vecinos debieran comprender que hoy en día las FARC ya no tienen ninguna función política, sino que es contraproducente en un país democrático como Colombia, cuyo espectro político, desde la constitución de 1991, se ha abierto hacia adentro a las nuevas fuerzas políticas, así como a partidos moderados de izquierda. Pero estos sufren una polarización en el país por la guerrilla, a la que no ven como un apoyo. Las FARC son narcotraficantes, secuestradoras y criminales con un discurso político sin esperanza, obsoleto y aguado y con la disposición de emplear métodos terroristas. De los correos electrónicos de Reyes también se pudo inferir que las FARC andaban en la consecución de uranio. Ningún jefe de Estado serio puede tener interés en que éstas deambulen por su territorio.

Aunque las FARC ya no juegan un rol político serio y están debilitadas militarmente, está claro también para el gobierno de Uribe que la guerrilla sólo con medios militares no puede ser derrotada. Finalmente, tendrá que encontrarse una solución política. Para ello, Uribe tendrá que hacer concesiones.

El presidente Uribe se ha vuelto claramente más flexible en los últimos meses en cuanto a intentos de solucionar el conflicto interno. Después de un cambio de estrategia ya no apuesta exclusivamente a la opción militar, sino también a incentivos. Uribe ha ofrecido varias propuestas que hubieran sido impensables en los primeros años de su mandato. Al final de marzo expedió un decreto con el contenido de que los combatientes de las FARC, que capitulen, puedan aprovechar la misma reducción de penas bajo la ley Justicia y Paz como los paramilitares. Además señaló su disposición de aceptar un área deshabitada como zona de encuentro para negociaciones de paz, de encontrarse con el jefe de las FARC Manuel Marulanda en la selva y de liberar guerrilleros capturados cuando los secuestrados políticos sean liberados. Además, el gobierno prometió altas recompensas para combatientes individuales que entregan secuestrados a las autoridades por propia iniciativa.

Pero hasta ahora el presidente venezolano Chávez ha sido más un obstáculo en la búsqueda de paz que un portador de esperanzas. Mientras Chávez y las FARC trabajen juntos, y Uribe y Chávez estén en confrontación, no habrá ningún diálogo nacional de paz en Colombia; como mucho, liberaciones aisladas de secuestrados con fines políticos y mediáticos.

Bajo el signo de los intentos de reconciliación, Uribe llevó su posición a la cumbre de Santo Domingo hacia una fórmula constructiva: “Nuestro problema no es con los Estados, sino con los terroristas de las FARC.” Para que en el futuro no se vuelvan a presentar más violaciones del derecho internacional, Colombia depende urgentemente del respeto de las normas internacionales más allá de sus fronteras.

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Sobre esta serie

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