Reportajes internacionales

Apoyo en tiempos de cambio

de Carsten Wieland

Canciller alemana Angela Merkel visita Colombia

Desde un punto de vista político, la primera visita de un jefe de estado alemán al país andino Colombia no podría haber sido más oportuna. En una época en la cual Colombia da los pasos más grandes en la superación de un conflicto interno de casi cinco decenios de duración y se encuentra, al mismo tiempo, en un conflicto creciente con los países vecinos Venezuela y Ecuador, debido que éstos le han brindado zonas de refugio al grupo guerrillero de las FARC; la Canciller alemana mandó una señal constructiva e importante: Alemania ve a Colombia como un país que está superando el conflicto y no sólo como un país en conflicto; los avances en el fortalecimiento del estado de derecho y en el contexto jurídico son valorados y no sólo se enfatizaron los déficits y los problemas que, por supuesto, todavía están por resolver.

La posición constructiva del gobierno alemán fue recibida con aplausos por parte de los medios colombianos. Miembros del gobierno colombiano también se mostraron “muy contentos” con la visita de la jefa del gobierno alemán los días 17 y el 18 de mayo de 2008, tan sólo un año después del viaje a Bogotá del presidente alemán Horst Köhler.

La posición de la contraparte alemana, según la cual las negociaciones podrían conducir a un acuerdo de asociación entre la Unión Europea (UE) y la Región Andina (CAN) más flexible y a varias velocidades, produjo alivio en Colombia. De este reblandecimiento de la posición europea se podrían beneficiar sobre todo Perú y Colombia, que se han acercado más fuertemente a la UE en varios campos, mientras que con Bolivia y Ecuador ésto se perfila más difícil. Merkel subrayó en general un interés por acelerar el resultado de las negociaciones entre la UE y los países andinos. Esto entusiasma especialmente a Colombia, quien tuvo que aplazar la firma del tratado de libre comercio con los EEUU, debido a las disputas entre Demócratas y Republicanos en el escenario electoral en Washington.

El gobierno colombiano reaccionó con alegría ante un segundo punto. Después de que Colombia estuvo a comienzos de marzo cerca de una guerra con Ecuador y Venezuela, debido a que el ejército colombiano mató al número dos de las FARC, Raul Reyes, dos kilómetros dentro de la frontera ecuatoriana; la Canciller no dejó duda de cuál es la parte a la cual le atribuye la obligación de aportar: “es importante que los vecinos tomen parte en la guerra contra el terrorismo”, subrayó ella en Bogotá.

Angela Merkel, quien vivió su carrera profesional también en una época de transición política, encontró frente a sus anfitriones el tono correcto, lo cual no siempre es sencillo dentro de un panorama político tan polarizado como el de Colombia. Ella logró resaltar los logros en la política de seguridad del gobierno colombiano y, al mismo tiempo, expresarle su estima a la fiscalía y las cortes del estado, quienes han investigado incansablemente los nexos entre políticos y grupos ilegales y tampoco han vacilado en capturar políticos importantes, como el primo del presidente y senador Mario Uribe. Son justamente los fiscales y jueces, quienes han tratado de capturar a los autores de los delitos, tratando de sonsacarles la verdad, para corresponder así el clamor de las víctimas por la reparación.

Merkel era absolutamente consciente de que el presidente Álvaro Uribe había tenido con la justicia enfrentamientos verbales fuertes, muchas veces innecesarios, en los últimos meses. Con sus declaraciones, la Canciller logró, no obstante, expresarle su reconocimiento a los dos pilares más fuertes del estado colombiano, responsables de los logros de los últimos años: el presidente y la justicia.

Cuando algún periodista le preguntó a Merkel qué se sentía al estar en un país en el cual ya son más de 60 los representantes – más de una cuarta parte del Congreso – investigados por nexos con el paramilitarismo, 29 de los cuales ya se encuentran en la cárcel (haciendo el corte en abril); ella respondió con sobriedad que ésto también mostraba justamente que “el sistema de justicia funciona”.

Finalmente fue el mismo gobierno colombiano bajo Uribe quien impulsó la catarsis, a través del arriesgado pero en total exitoso proceso de desmovilización de la mayoría de los paramilitares que se inició en el 2005. Primero fue por medio de la vinculación de los jefes paramilitares a la Ley de Justicia y Paz y sus declaraciones ante el tribunal que salieron a relucir esas verdades tan dolorosas, sobre las cuales los medios hoy hacen cubrimiento en forma tan dura y tan crítica. Y estas verdades fueron, y siguen siendo, una fatalidad para algunos políticos, sobre todo de la coalición del gobierno. El proceso de superación del conflicto hace rato tomó vida propia. En vez de lamentarse de que parte de la clase política haya sido trasladada a la parapolítica (lo cual sin duda alguna todo el mundo ya sabía desde hace años), tiene sentido apoyar los avances en un estado que funciona de lejos mejor que hace unas décadas. Ese también fue el mensaje de Merkel.

Una señal importante de la solidaridad en tiempos difíciles también resultó ser la visita a la Fiscalía. En el marco de una larga conversación entre Merkel y el director de la institución, la parte alemana le cedió a sus socios colombianos unos vehículos con los cuales podrían ser transmitidos por medio de videoconferencias las versiones libres de autores de crímenes y víctimas de provincias lejanas para su aprovechamiento en los tribunales (“audiciones móviles”). Este proyecto de la GTZ y la Fiscalía es parte del proceso de digestión y superación política y moral del conflicto. El gobierno colombiano ha ampliado sustantivamente el presupuesto para el proceso de Justicia y Paz en el presente año 2008. Hasta el momento eran 23 los fiscales presentes en este proceso de desmovilización; 39 nuevos fiscales van a ser añadidos. Los 140 funcionarios investigadores serán fortalecidos con otros 250 colegas.

Los problemas más grandes del gobierno colombiano son los procesos incompletos de reinserción, a pesar de las becas gubernamentales y el acompañamiento psicológico a los desmovilizados, la poca reparación a las víctimas y el surgimiento de nuevas bandas violentas, que se concentran en el narcotráfico y que reclutan a antiguos combatientes paramilitares que fracasaron en su camino a la vida civil.

El combustible del conflicto es y será el narcotráfico. Ya no están en juego conceptos o confrontaciones de tipo ideológico. Estas se dirimen actualmente en el parlamento, en la medida en que el día a día de la política está también impregnado por antiguos combatientes de la guerrilla pertenecientes a un partido mesurado de izquierda que crece cada vez más en importancia. Por esa misma razón la Canciller tuvo también un encuentro con el Alcalde Mayor de Bogotá, Samuel Moreno, del partido de oposición Polo Democrático Alternativo. Incluso al alcalde y a los políticos nacionales del espectro de la izquierda les queda imposible negar los logros en la política de seguridad del gobierno de Uribe. Es imposible ganar en Colombia unas elecciones, tanto a nivel regional como nacional, en la era Uribe y en la Post-Uribe, sin el fortalecimiento de las instituciones estatales y el entendimiento de que no es posible desatender la seguridad como fundamento del progreso social y económico.

También el problema de las drogas fue un componente de la discusión entre Uribe y Merkel. La Canciller se mostró abierta a las solicitudes del gobierno colombiano de apoyar un programa que ayuda a familias campesinas a salirse de la producción de coca. Aunque el proyecto Familias Guardabosques es juzgado en su forma actual con escepticismo por parte del Ministerio para la Cooperación Económica de Alemania (Bundesministerium für Wirtschaftliche Zusammenarbeit, BMZ) y la GTZ, el gobierno colombiano insiste en que ya son 66.000 las familias que por esa vía han encontrado su sustento.

La Canciller tuvo, adicionalmente, encuentros con representantes de la sociedad civil, entre ellos interlocutores de los sindicatos, de la Comisión de Reparación y Reconciliación y de la ciencia. Un objetivo de la visita era, por lo demás, subrayar y avanzar en otros temas de las relaciones entre los dos países, además de los usuales temas relacionados a las drogas y al conflicto. Merkel hizo especial énfasis en la cooperación científica y económica. Ella es importante para ambas partes, tanto como lo es para las instituciones alemanas presentes en el país.

Dos acuerdos de cooperación económica estuvieron presentes en la agenda durante la visita. El primero garantiza la seguridad de las inversiones mutuas y el segundo apunta a un acuerdo de doble tributación entre los dos países.

Con un crecimiento de la economía alrededor de siete por ciento en el 2007, Colombia pudo atraer mucho capital al país, sin que esto haya reducido sustantivamente las cifras de empleo. Sin embargo, los indicadores de pobreza han caído ligeramente en los últimos años. De acuerdo a los datos de la Embajada de Alemania en Bogotá, Colombia es el tercer país más atractivo para inversiones extranjeras en Latinoamérica, después de Brasil y México, países que también se encontraban en la ruta de viaje de la Canciller. Para las compañías alemanas, Colombia es el quinto país más atractivo del continente americano.

El socio comercial más importante de Colombia en Europa es Alemania. Las importaciones y las exportaciones alcanzaron en el último año un valor correspondiente a 1100 millones de Euros, de acuerdo a los datos de la Cámara de Comercio Colombo-Alemana. Alemania exporta a este país andino sobre todo máquinas y plantas industriales. Por el contrario, Colombia exporta a Alemania sobre todo carbón, productos petrolíferos, café, productos agrícolas y frutas tropicales, como bananos.

De acuerdo a los datos del Banco Central alemán, las compañías alemanas invirtieron en el año 2005 cerca de 762 millones de Euros en Colombia e hicieron ganancias correspondientes a 1500 millones de Euros. En Colombia operan 35 empresas completamente alemanas y muchas otras tienen participación alemana, algunas de las cuales han hecho negocios por más de 40 años, a pesar del furibundo conflicto en Colombia. Las empresas alemanas en Colombia más conocidas son Siemens, BASF, Bayer, Merck, ThyssenKrupp, Allianz y Faber-Castell.

La Política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe brindó confianza en el sector privado, lo cual no sólo beneficia a compañías multinacionales, sino también a pequeñas empresas del país. Este desarrollo está estrechamente ligado a la intensidad del conflicto. La seguridad y la confianza tienen en Colombia dividendos sociales. Cuando le va bien a la economía del país, hay acceso, al lado del necesario componente militar, a recursos para proyectos sociales y tareas de reintegración para los más de 40.000 combatientes desmovilizados. Los colombianos, quienes no sólo padecen bajo un conflicto vitalicio, sino que viven en una vecindad cada vez más turbulenta, han sabido apreciar el apoyo de Alemania en tiempos difíciles. Ahora reposa en ambas partes tomar los hilos que la Canciller alemana dejó en su visita a Bogotá y no dejar amainar la nueva dinámica de las relaciones bilaterales.

Dr. Carsten Wieland

Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Colombia

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Sobre esta serie

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